Dr. Antonio ALANÍS HUERTA
I. CONCEPCIÓN Y DISEÑO DEL CAMBIO: Entre el malestar institucional y la transferencia conceptual.
“En el diseño e implementación del cambio en las instituciones se requiere incorporar a los inquietos y a los rebeldes de pensamiento, que no permiten la imposición de voluntades ni de recetas para pensar; a los sujetos pensantes que aún subsisten en las instituciones a pesar del esfuerzo que hacen los sistemas cerrados y anquilosados por mantener el control férreo de sus ideas y de sus actos; pero que nunca podrán aprisionarle su libertad de pensamiento ni su capacidad creativa”. (A. Alanís Huerta).
1. Preámbulo
Las sociedades contemporáneas, y por supuesto también las antiguas, han venido desarrollando y desarrollándose en medio de los valores-fuerza como el respeto a la vida, la libre expresión, la libertad y el amor. Y en contraposición, la muerte, la represión, el autoritarismo y el odio, han marcado dolorosamente etapas de nuestra historia, nuestra vida cotidiana y las instituciones.
El siglo XX prodigó grandes desarrollos para el confort, pero también fue escenario de muerte, de destrucción; ausencia de amor y de compasión por los que sufrieron mutilaciones de su cuerpo, su raza y su cultura.
Por otra parte, en la Edad Media, la institución represora por excelencia era la iglesia, por medio de El Santo Oficio de la Inquisición; posteriormente, fueron los gobiernos monárquicos, luego los ejércitos y hoy, algunas instituciones del Estado. Y como puede apreciarse, es la vida y la muerte lo que ha marcado la existencia de los pueblos; pues quienes conquistan y ganan, imponen y disfrutan; y quienes pierden, sufren y mueren.
Sin embargo, no podríamos concebir la existencia de gobiernos e instituciones despóticas sin su contraparte, los gobiernos dispendiosos y las instituciones ineficientes. Puede decirse, incluso, que el bien y el mal caminan juntos; pero pocas veces se equilibran. Y en el mismo sentido, la introducción del cambio y las transformaciones en las instituciones pasan por las aduanas del bien y el mal; pasan por los sensores y la censura de los referentes de equilibrio en las instituciones. Es decir, sería iluso pensar que toda propuesta de cambio se instala sin oposiciones; y no, no es así; las propuestas de cambio se constituyen, de facto, en amenazas con frecuencia magnificadas por los sujetos que creen ser dueños de las instituciones y sus destinos.
Empero, cabe subrayar que las reacciones de los sujetos y de los grupos de poder en las instituciones, frente a las amenazas del cambio, varían sus proporciones. Unos las expresan de manera abierta y directa; pero la mayoría de los sujetos las “manda decir”, manipulando a los débiles o a los ingenuos; aunque cabe decir que los malestares de los sujetos, por la introducción o presencia de innovaciones, con frecuencia se expresan de manera sesgada, indirecta y soterrada; o francamente a través de prácticas de chismorreo o de mentiras, cargadas de diatriba y de calumnia. Por todo esto y más transitan, con enormes dificultades, las propuestas del cambio en las instituciones. ¿Pero de dónde surgen las ideas del cambio?
2. Las ideas y el esbozo de la propuesta de cambio institucional: entre la creatividad y la imaginación
Diseño y propuesta se asocian al concepto de creatividad; pero también al de intencionalidad y al de solución de problemas. Pues al final de cuentas, lo que proponemos pretende contribuir a la solución de una parte de un problema complejo, desde nuestra perspectiva. Y en la propuesta entran en juego valores, creencias, destrezas, intenciones e ideales de los autores de las propuestas mencionadas.
Por lo que respecta al diseño en sí mismo, como concepto, en cualquier diccionario general significa traza, bosquejo o esbozo. Es la proyección de las ideas en tiempo futuro y en espacio concreto. En el ámbito educativo y pedagógico, lo más cercano a lo que quiero plantear es el concepto de diseño curricular, que es “un conjunto de objetivos generales de aprendizaje, establecidos de forma precisa” que le dan sentido a las carreras o a la estructura organizativa de las instituciones y de los sistemas. Sin embargo, desde el enfoque contextual y cultural, me es más útil el concepto de diseño en el arte, que incorpora valores sociales, cultura e intenciones del autor en el planteamiento de conceptos y propuestas.
Por lo tanto, desde este enfoque, el diseño de cualquier propuesta de actuación, en cualquier actividad donde se mueve el ser humano, requiere del bosquejo de las líneas de tránsito de las ideas por donde se levantarán posteriormente los conceptos y los concretos de las abstracciones. Es decir, la expresión más acabada de las ideas, pero seguramente impregnada de todo aquello que circunda y se mueve en el contexto social y cultural donde se pretende depositar y levantar la propuesta en cuestión.
3. Las ideas fundantes de la propuesta del cambio: génesis y expresión
Las ideas fundantes de la propuesta están en el texto y en el contexto; están en el textus, compuesto por las expresiones escritas y orales que pueden ser analizadas por medio de códigos lingüísticos, sociales y culturales; están en el inconsciente colectivo , en el propio contexto donde viven, interactúan y se desarrollan los sujetos. Es decir, según mi apreciación, el inconsciente colectivo es una especie de mezcla de herencias genéticas y sociales que contribuyen a configurar la identidad cultural de los pueblos. Aunque sería prácticamente imposible saber, incluso hoy, dónde están las fronteras genéticas y sociales de esta mezcla de la que habla Jung.
Entonces, cuando pretendemos sustentar una propuesta de cambio institucional tendremos que escudriñar en el contexto inmediato donde está la institución o donde queremos instalarla. Y dicho en otros términos, las propuestas curriculares, las de organización y las de cambio institucional se construyen a partir del contexto local; incluyendo las voces de los sujetos que componen las instituciones educativas.
4. La configuración conceptual del cambio: de lo endógeno a lo exógeno
La primera de las exigencias del innovador o de quien tiene la responsabilidad de proponer proyectos de desarrollo educativo, es saber cómo pensar la propuesta. Y esta es una tarea bastante complicada para el sujeto porque para ello no hay recetas; aquí se exige fundamentalmente creatividad pero también de imaginación; que si bien son conceptos y procesos mentales asociados, cada uno tiene su propia lógica. Así, por lo que toca a la creatividad, el proceso suele ser incierto, dándose y no dado; como es el caso de la configuración del conocimiento científico; que emerge fundamentalmente de procesos mentales de creatividad.
En lo que concierne a la imaginación, este es un proceso mental de creación de imágenes sucesivas en torno a un tema que nos motiva a pensar y a reflexionar; por tanto, la imaginación es un proceso de representación mental de imágenes que provienen del exterior consciente o del interior del sujeto; pudiendo tener un origen exógeno o endógeno y, en todo caso, estas imágenes se asocian con la experiencia del sujeto.
Pero posiblemente el concepto más cercano a lo que pretendo explicar es el que se vincula al imaginismo como expresión artística de creación de figuras literarias; tales como los epígrafes y las metáforas; que son expresiones libres del pensamiento creativo de alta utilidad didáctica en el ejercicio de la docencia.
En este sentido, la configuración de las propuestas de cambio en las instituciones, las genera el sujeto a partir de una imagen que emerge desde su interior; es decir, define lo que serán las actuaciones posteriores para que las estrategias y los proyectos se puedan hacer realidad; de tal forma que podemos considerar que el fin que persigue el actuar surge de un proceso interno, pero la finalidad del hacer, por su ámbito de aplicación, es necesariamente externo. Así, la forma de la propuesta es expresión externa; pero el fondo seguirá en el campo de la incertidumbre y la coyuntura, una vez que se instaura en las instituciones; pero también es importante tomar en cuenta que con frecuencia sólo se instala la forma y se cuida hasta con exageración; pero se descuida la esencia, el fondo de las propuestas; y se convierten en otra cosa, muy distinta de su origen e intencionalidad con que se crearon.
Y retomando el tema de la innovación y el cambio en las instituciones, el sujeto tiene frente a sí, no solamente la oportunidad de crear sino de trascender la historia institucional porque encontrará ideas de colegas, de autores, de directivos de las instituciones que le sugerirán figuras conceptuales y esquemas de organización que le podrán ser útiles, pero lo más importante es que analice y sistematice estas ideas para construir su propia propuesta. Y esta conceptualización va tomando forma a partir de su experiencia, de su creatividad y de su inteligencia; en fin, la propuesta poco a poco se va configurando y definiendo su intencionalidad; es decir, se va perfilando su racionalidad porque al final de cuentas se busca que la nueva propuesta ayude a resolver problemas de la institución.
5. Apropiación y proyección de los conceptos del cambio: la visión de futuro
Los conceptos del cambio surgen de la experiencia y de la reflexión de los sujetos innovadores; con frecuencia provienen de experiencias exitosas de otras instituciones a las que nos gustaría parecernos; por lo menos en lo externo porque, huelga decirlo, habremos de tener claro que los cambios los generan los sujetos actuantes y comprometidos con el cambio institucional, una vez que aprecian que el statu quo institucional no es el deseable y que pueden mejorarlo.
Así, en esta perspectiva, puede decirse que los vientos del cambio provienen de fuera, pero que la configuración de las ideas fundantes del cambio emergen del interior del sujeto una vez que toma conciencia de sus capacidades, de su responsabilidad profesional y de compromiso institucional. Pero el proyecto del cambio sólo se puede hacer realidad en sinergia con los líderes locales y por supuesto con quienes dirigen la organización.
Por lo tanto, la transferencia de los conceptos al nivel de la concreción en líneas de acción, pasa por la definición de los campos de actuación institucional; es decir, los conceptos dan el salto de lo interno a lo externo por medio de propuestas de haceres, derivados de los deberes éticos; dicho en otros términos, pasan de una racionalidad teórica a una racionalidad práctica, mediados por una racionalidad ética del deber ser. En cuyo sentido podemos apuntar, de acuerdo con Evandro Agazzi , que “el problema de la racionalidad práctica es de justificar una elección entre los posibles y en eso se distingue de la racionalidad teórica, que es justificar lo existente, lo que es”. Donde la racionalidad teórica busca explicar las razones del deber ser y la racionalidad práctica busca consolidar lo que es útil y eficaz para la solución de los problemas institucionales.
Y este es el reto de las propuestas de cambio en las instituciones; por una parte, se pretende explicar lo que es y lo que existe con sus virtudes y defectos; pero por otro lado, la parte práctica de la propuesta de cambio, pretende sentar la plataforma de búsqueda de nuevas explicaciones de lo que está dándose y no sólo de lo ya dado; y más aún, ambiciosamente, busca encontrar en el futuro próximo, los escenarios posibles del rumbo institucional; pues no hay que olvidar que la creatividad científica se sitúa entre el futuro y el presente pero no ignora la historia del pasado de los sujetos y de las instituciones.
6. Sobre la justificación de los procesos de cambio
El cambio en las instituciones es una exigencia cotidiana; pero los indicadores de este cambio no siempre son evidentes. En la actualidad, la sociedad le exige a las instituciones educativas transformaciones profundas que ayuden a mejorar la calidad de la formación profesional; así, la exigencia de cambio se ha vuelto cotidiana; y no cualquier tipo de cambio, sino aquél que conduzca a las instituciones a ser eficientes en el corto plazo; la sociedad tiene prisa y ya no apoya proyectos de transformación graduada; y mucho menos tolera que los grupos de poder, los grupos políticos, frenen esa transformación dinámica tan necesaria que permita asentar los fundamentos de una educación con mejor calidad en el contenido, en los métodos y en la docencia; pero principalmente con mejor calidad para el desarrollo integral del educando; tanto en sus actividades profesionales como en aquéllas que implican a la cultura, la ciencia, la política y la familia. Y esta proyección institucional en el tiempo, nos permite dibujar un escenario de alta calidad académica y cultural como lo exige esta sociedad dinámica e impaciente del tercer milenio. Pero esta misma impaciencia torna a nuestra sociedad, incierta, dubitativa y ávida de certidumbres.
Por lo tanto, resulta necesario plantearnos cuáles son nuestras certezas y nuestras incertidumbres; cuáles son las verdades y las convicciones en que creemos; cuáles es el nivel de dominio, de actualización y de respuesta de nuestras competencias profesionales; en suma, cuáles son los escenarios que queremos para nosotros y para nuestros hijos.
Pero, ¿por qué cuestionarnos sobre nuestro entorno social, sobre nuestras convicciones ideológicas y sobre nuestras competencias profesionales?
7. El cambio institucional: un problema de ideas y de sistematización
Todo proceso de cambio institucional tiene una intención política y genera incertidumbre y malestar entre los actores sociales que componen el sistema organizacional y las instituciones. Y toda intención de cambio es promovida por sujetos que no se conforman con los resultados logrados hasta ahora y que siempre tienen en mente nuevos escenarios para el trabajo institucional.
Los proyectos de largo plazo ya no son bien recibidos en la conciencia colectiva; ahora se exigen cambios rápidos que justifiquen la función social y productiva de las instituciones educativas. Por lo tanto, una de las primeras tareas en la perspectiva mencionada es el diseño y aplicación de estrategias para el fortalecimiento académico de la función educativa, que comprenda la educación básica y la superior; pues es en el nivel básico donde se fijan las bases para el desarrollo pleno del hombre en las edades posteriores a la niñez. Y simultáneamente, se requiere pensar nuevas formas de formación profesional que aseguren calidad educativa y eficiencia para la solución de problemas del mercado de trabajo; el cual, cualesquiera que sea su ámbito, siempre será el espacio donde los profesionales ejercen su oficio.
Todo proceso de cambio se enmarca en un concepto y proceso de planificación; y particularmente de planificación prospectiva. Y la planificación prospectiva exige el diseño de escenarios deseables y factibles; exige creatividad científica, recursos económicos y voluntad política para la implementación de las propuestas de desarrollo educativo. En consecuencia, los cambios institucionales no pueden ser de cualquier tipo; sino los que se requieren para orientar el desarrollo institucional de manera intencional y hacia metas precisas. En tal sentido, la primera condición para definir los campos del cambio institucional es tener la convicción de que se quiere cambiar; la segunda, saber qué cambiar y hacia dónde (hacia qué escenario); y la tercera es contar con el equipo humano y material para comenzar el proceso de cambio.
8. El cambio institucional: un problema de sujetos y de estructuras mentales
El desarrollo del pensamiento científico se ha venido produciendo de manera simultánea al desarrollo de la humanidad; y en no pocas ocasiones ha incursionado por el terreno clandestino, movido por las convicciones, por la fe y por la tenacidad de los hombres de ciencia y de pensamiento agudo, en torno a lo que sucede en su contexto más inmediato.
En la actualidad seguimos haciendo, con frecuencia, distinciones y separaciones dicotómicas artificiales sobre lo universal y lo particular; sobre lo ideal y lo material; sobre lo revolucionario y lo conservador; sobre el bien y el mal; sobre lo cuantitativo y lo cualitativo; sobre lo teórico y lo práctico; sobre lo espiritual y lo terrenal; sobre lo científico y lo literario. Sin embargo, estas distinciones y separaciones de carácter volutivo pueden ser útiles para plantear explicaciones didácticas sobre los objetos de estudio; pero en la dinámica cotidiana de la sociedad se convive más frecuentemente con la contradicción y el conflicto que con el orden y el consenso. Así, pareciera ser que la dicotomía entre el bien y el mal, como origen de la vida terrenal y la espiritual, ha permeado y sigue permeando nuestros actos cotidianos.
9. La transferencia de la propuesta de cambio institucional: rupturas y oportunidades
El proceso de transferencia conceptual de cualquier propuesta de cambio sigue el trayecto de configuración que ya se explicó en los puntos anteriores; pero conviene subrayar que para su implementación pasa por las resistencias institucionales; con frecuencia se atora aquí y nada pasa. Y es cuando encontramos claramente identificados a los cocodrilos del pantano, los pulpos y los tiburones de los que se habla más adelante. Donde se precisa que hiere más y tiene mayor efecto en el otro lo que no se dice; porque se afirma con mayor efectividad en el inconsciente colectivo de los sujetos y las instituciones.
Si bien es cierto que las propuestas de cambio institucional las generan los sujetos y los equipos de trabajo, también habremos de considerar que su implementación pasa por un camino tortuoso de resistencias, rechinidos y descalificaciones. Es decir, la implementación del cambio entra al terreno de la política; pero no el de la política educativa sino al ámbito de la política de grupos de poder e invade también el campo ideológico de los sujetos. Ambos espacios se defienden con pasión en las instituciones y no siempre pasan por procesos de diálogo y de consenso; entran al terreno de la lucha irracional de poderes en una especie de combate de vencidas de puños y de palabras descorteses y a veces altisonantes.
Así pues, las propuestas del cambio institucional surgen del conflicto, del hartazgo o de los malestares de los sujetos que ven en el cambio la posibilidad de transformación de las instituciones; o por lo menos como posibilidad de salir del letargo y del cansancio de no hacer nada; o simplemente porque no se resignan a perder lo último que se debe perder; la dignidad y la autonomía del pensamiento creativo, que permite mantener en libertad a las personas. Es por eso que en este género de trabajos se requiere incorporar al equipo de los inquietos y de los rebeldes de pensamiento, que no permiten la imposición de voluntades ni de recetas para pensar; a los sujetos pensantes que aún subsisten en las instituciones a pesar del esfuerzo que hacen los sistemas cerrados y anquilosados por mantener el control férreo de sus ideas y de sus actos; pero que nunca podrán aprisionarle su libertad de pensamiento ni su capacidad creativa.
II. LA EDUCACIÓN DEL FUTURO. De la estructura mental a la estructura institucional.
“La educación del futuro siempre ha estado ahí; en el contexto social y en el mercado laboral; pero no la escuela convencional” (Dr. A. Alanís Huerta).
1. El análisis contextual
No se puede negar que los procesos de globalización de la economía y la política están incidiendo de manera importante en la mundialización de la cultura; hoy no hay fronteras para el enriquecimiento de la cultura pues las redes del conocimiento han roto todas las barreras que los gobiernos habían establecido como distintivos de la cultura local. Actualmente, los conceptos de nacionalismo, de nación y de identidad no podemos seguirlos comprendiendo en el marco de paradigmas cerrados y estáticos; hoy se han incorporado, y prácticamente impuesto, conceptos culturales más dinámicos e incluyentes. Y como consecuencia, las fobias a las culturas diferentes y al pensamiento discordante se hacen cada vez más evidentes; y se incorporan a la dinámica social con sus expresiones de intolerancia y exclusión que representan verdaderos peligros y retos para los gobiernos actuales de los estados soberanos.
Frecuentemente la expresión social de un reclamo cultural de este género resulta más intolerante y totalitaria que el propio motivo de la inconformidad; por lo que no es extraño que las revoluciones sociales, políticas y culturales, caigan en la trampa de los excesos que supuestamente están combatiendo. Y es lamentable que en estas circunstancias los auténticos reclamos sociales, legítimos y justos sean presa de intereses políticos y queden enredados entre las redes de la injusticia y el engaño.
Por otra parte, hemos creído durante mucho tiempo que la escuela es el espacio de socialización por excelencia; y lo ha sido en otros tiempos; pero ya no lo es más; hoy la escuela no alcanza ni a socializar sus propios problemas; hoy el maestro lamentablemente trata de socializar sus problemas personales y laborales en el espacio escolar; cuando precisamente debiera hacerlo en donde corresponde. Otra cosa sería si la escuela donde estudió le hubiera permitido socializar esa parte de su personalidad que hoy es su problema principal: su insatisfacción personal y laboral. Porque, también hay que decirlo, la escuela como estrategia de socialización moderna se ha venido aislando de la sociedad y ésta se fue transformando a ritmos más acelerados, y curiosamente, la familia, que en otros tiempos fue la célula principal de la formación ciudadana, hoy también ha perdido fuerza educadora.
Existen muchas y variadas causas para que se dé este deterioro familiar; una de ellas es que el costo de la vida moderna y el empobrecimiento paulatino de las capas sociales más desfavorecidas de la sociedad, han obligado a las mujeres madres de familia, a trabajar fuera de casa para contribuir al sostenimiento de la familia; lo que obliga a desatender la educación familiar de los niños; la cual es insustituible en los primero años.
En la actualidad las organizaciones sociales y el sector productivo de bienes y servicios y su mercado laboral propician espacios de socialización que la escuela no puede proporcionar. Y en el contexto familiar vemos con mayor frecuencia hoy que las familias cada vez se pulverizan con mayor facilidad; el índice de divorcios ha venido en aumento. Lo cual se convierte en un círculo vicioso, pues a falta de una verdadera socialización de los problemas en la familia, las separaciones familiares aumentan y la educación de los hijos queda trunca o a la deriva.
Aunque cabe decir que la ruptura familiar ya no es sólo por la incompatibilidad de caracteres o por la infidelidad conyugal sino por causas económicas y laborales; donde las dos primeras causas subyacen a la elección más o menos consciente de los cónyuges, mientras que las dos últimas obedecen al contexto externo, económico y político de la sociedad. Así, pareciera ser que las dos causas primeras de la ruptura familiar es un asunto de educación y cultura y las dos últimas son de carácter contextual. Y en lo general las cuatro causas se interconectan; sin afirmar que sean las únicas pues sólo se señalan las más comunes.
2. Ciencia, tecnología y humanismo
La ciencia y la tecnología han marcado de manera definitiva este siglo XXI; han sido, en conjunto, los baluartes del desarrollo que han conocido las instituciones y los sujetos en su vida cotidiana. Pero este trabajo de observación, reflexión y de creación de los científicos y los tecnólogos se han conjugado de manera efectiva para proponer explicaciones y soluciones a nuestros problemas. Sin embargo, son los humanistas quienes hacen el puente entre el mundo de la ciencia y el de la convivencia social; son los maestros de la transformación de la sociedad.
Si bien, entendemos que científicos, tecnólogos y humanistas constituyen grupos y campos profesionales bien identificados y delimitados, hoy se incorporan nuevas profesiones y nuevos retos a estos campos semánticos y profesionales. Ahora bien, seguimos identificando en el ámbito de los científicos a los físicos, a los biólogos, a los matemáticos y a los químicos; y hoy se incorporan los genetistas. Pero en el de los tecnólogos, además de los ingenieros, se incorporan hoy los mecatrónicos (robótica y electrónica) y los biotecnólogos; destacando los microtecnólogos electrónicos (chips y miniaturas) y los cirujanos plásticos. Y quizá el campo de las profesiones humanistas sea el que agrupa un mayor número de especialistas como filósofos, profesores, sociólogos, médicos y psicólogos. Y no podía dejar de señalar que entre los tecnólogos y los humanistas se encuentran los administradores, los economistas, los arquitectos, los comunicadores y posiblemente los políticos.
Para comprender mejor esa relación entre científicos, tecnólogos y humanistas habremos de decir que los científicos ven los fenómenos físicos y sociales para identificar sus patrones de predictibilidad . Pero los tecnólogos también los ven para diseñar mecanismos y procesos para manipularlos y ofrecerlos al mercado del dinero y del objeto. Aunque los humanistas están ahí para explicar sus efectos y sus impactos simbólicos en la sociedad de consumo; señalando su utilidad pero también el peligro de su dependencia.
En este mismo sentido, los científicos buscan demostrar que las teorías derivadas de la observación y de la sistematización, concuerdan con los datos de tiempo, cantidad y periodicidad de la expresión de los fenómenos. En cambio, los tecnólogos intentan demostrar que lo que diseñaron, funciona; es decir, que los procesos traducidos en mecanismos manipulables, permiten hacer acercamientos a los fenómenos o a los hechos y situaciones e incluso replicarlos o reproducirlos a nuestra voluntad.
Ciencia y tecnología: procesos inacabados de pensamiento
Tanto la ciencia como la tecnología son conceptos y expresiones del pensamiento inacabado; pues no hay que olvidar que “la verdad es que no hay verdad primera, en la búsqueda del conocimiento no hay primera piedra; en vano buscamos la certeza fundadora y evidente de la que se derivarán o sobre la cual se construirán los demás conocimientos” . Habremos de considerar que ni la ciencia tiene ni ofrece todas las explicaciones ni la tecnología plantea todas las soluciones a los problemas. Pero ambas se enfrascan en la búsqueda permanente de sus explicaciones y soluciones.
Si bien el trabajo del científico precede al del tecnólogo o al de los ingenieros, los productos de la ingeniería afectan de manera directa y evidente a la sociedad, pues es en el ámbito de la vida cotidiana donde se aplican, con mayor frecuencia, los productos de la ingeniería y la tecnología; siendo sus efectos positivos y negativos. Pero también es cierto que existe un beneficio social evidente y subrayado; pero también existen daños colaterales no siempre publicitados; pero no por eso dejan de ser nocivos. Es por esto que el diseño de tecnología ha de sujetarse a restricciones de carácter biológico, ético, funcional, político, cultural y ecológico.
Como puede apreciarse, el diseño de tecnología demanda de conocimientos y saberes diversos; exige del concurso de varias disciplinas científicas como la física, la óptica, la resistencia de materiales, la química, las matemáticas, la bioética y la electrónica, entre otras. Y al final de cuentas, la tecnología producida sólo sirve para resolver un conjunto limitado de tareas y problemas; y si bien puede pensarse en el diseño de multiusos, desde la perspectiva económica y comercial es más redituable el diseño y producción de tecnología para una o muy pocas tareas especializadas.
En estas tareas de diseño de tecnología, se valora el producto frente a criterios de calidad, resistencia, caducidad y seguridad; y por supuesto, los criterios del costo de producción y del precio de venta constituyen referentes de conflicto para calificar la rentabilidad del producto.
Cabe mencionar que los actuales escenarios de modernidad y de tecnología que conocemos hoy en todos los ámbitos de nuestra sociedad, tienen que ver con el extraordinario avance de la miniaturización electrónica; en la cual la robótica ha alcanzado una importancia extraordinaria, gracias al desarrollo y aplicación de la microelectrónica, la biotecnología y la ingeniería genética” ; principalmente por la escalada mundial en el uso de los microprocesadores en la industria, los servicios y el hogar. Se ha venido imponiendo entonces, de manera rápida, una nueva forma de pensar y de actuar: pensar en miniatura y actuar con precisión, es decir, pensar como especialistas y actuar con escaso o nulo margen de error” . Gracias a la miniaturización electrónica se han podido diseñar controles lógicos (logiciels dicen los franceses) para medir y controlar el calor, la energía natural, la eléctrica y la mecánica, que hacen de las nuevas tecnologías, expresiones compactas que permiten ahorrar espacio y movimientos en su aplicación y funcionamiento; lo cual redunda en el uso del tiempo de manera más eficiente.
En el mismo sentido, la comunicación entre mecanismos y ejecución de tareas es cada vez más precisa; el cálculo matemático del movimiento y del mensaje entre un módulo operativo y otro en un sistema, es también cada vez más fino; por una parte, independiente en cada núcleo de información y mecanismo, pero a la vez interconectado con otras tareas sucesivas; las cuales obedecen a un sistema de planeación y ejecución de tareas lógicamente ordenadas para hacer eficiente el funcionamiento de los sistemas.
Pero a pesar del enorme salto cualitativo que ha dado la ciencia y su producto, la tecnología, en cada núcleo o módulo del sistema, se concentra información humana; ya sea información electrónica escrita o verbal, pero el factor humano es fundamental.
3. Tecnología para la educación: entre el material de papel y la computadora
El hecho de que una tecnología se conciba y se diseñe para desarrollar o coordinar tareas especializadas, no quiere decir que no se pueda colapsar; es decir, toda tecnología es susceptible de falla. Sin embargo, cada vez más estas tecnologías son motivo de altos controles de calidad, de periodos de prueba de eficiencia o de resistencia ante situaciones de conflicto y de turbulencia sistémica; y no obstante, estas tecnologías pueden llegar a fallar. Y lo mismo sucede con la tecnología educativa, puede resultar ineficiente para el propósito que se persiga; pero por tratarse de tecnología suave o techno-software, la tecnología educativa, admite ajustes sobre la marcha; pero paradójicamente sus efectos no siempre son reversibles; como pueden serlo, en algunos casos y situaciones, cuando tratamos con tecnología dura o techno-hardware en el apoyo de alguna tarea profesional. Auque, también vale decir, que con mayor frecuencia el fallo de la tecnología dura suele ser catastrófico cuando atrofia las funciones centrales del sistema.
En cualquiera de los casos, ya sea que estemos manipulando o utilizando tecnología dura o suave, siempre es recomendable realizar simulacros operativos sobre su eficiencia para las tareas en las que la pretendemos aplicar. Hoy, en el ámbito de la producción de tecnología, se pueden efectuar simulaciones por computadora que ayudan a corregir fallas del sistema. Pero, particularmente, las tecnologías educativas se diseñan para apoyar el proceso de aprendizaje de los alumnos.
Por otra parte, la tecnología educativa, la que se aplica en la educación, hoy es muy variada; incorpora equipos electrónicos y mecánicos que, en la actualidad, son parte del trabajo cotidiano de los profesores; y por supuesto, sigue incorporando material elaborado por los maestros para apoyar de manera didáctica al proceso de enseñanza y aprendizaje de los alumnos. Sin embargo, el hecho de depender a ultranza de los equipos tecnológicos, hace que en los maestros se inhiba su capacidad creativa; por lo tanto, nunca será suficiente insistir en que la tecnología es sólo un recurso con que cuenta el profesor para desarrollar sus clases.
El desarrollo de la tecnología dura se da en regiones y contextos donde se conjugan las condiciones y las variables que la sustentan, pero la tecnología educativa se genera, se diseña y se aplica teniendo como referente el aula, los niños y los jóvenes; y por supuesto también los contenidos y los métodos. Y si bien, en algunas ramas del desarrollo científico y tecnológico, los diseños, los proyectos y las pruebas de prototipos permanecen en secreto, en el ámbito escolar, la tecnología educativa es decididamente una expresión pública. Pero en ambos casos, existe una buena dosis de creatividad, de compromiso científico y pedagógico; pues la ciencia que no se enseña, no se difunde; y si no se publica no se legitima ni se consolida en la memoria social.
Por una parte, la difusión de la ciencia y la tecnología contribuye a fortalecer el conocimiento y explicaciones que exige la sociedad; pero sólo la tecnología, como producto tecnológico, además de las ideas, ayuda a resolver los problemas sociales.
4. El docente de hoy y las nuevas tecnologías: entre el discurso verbal y la virtualidad
El docente de hoy tiene a su alcance una gama importante de conocimientos y recursos didácticos; de medios electrónicos y tecnológicos para apoyar su trabajo académico. Y en medio de estos recursos está la computadora que representa la posibilidad de integrar las ideas con su comunicación; a la vez que facilita la escritura y sus variadas representaciones gráficas.
Hoy los docentes se pueden comunicar mejor con sus alumnos, gracias a estos recursos; pero no deben caer en la comodidad y el conformismo de pedirle a la computadora que les resuelva todas sus necesidades de comunicación. Afortunadamente, todavía las ideas son propias del ser humano y sus representaciones y aplicaciones también.
Por otra parte, también es cierto que la grafía y los tipos móviles de la imprenta o las teclas de la máquina de escribir, mecánica, son parte ya, en el siglo XXI, del museo del conocimiento y del lenguaje escrito. Y que los dibujos a lápiz o los trazos a mano alzada, en el campo del diseño gráfico sirven hoy sólo de referente histórico. Pero no olvidemos que, si bien hemos pasado de una cultura de lo escrito a mano a una cultura de la virtualidad, nada puede sustituir al olor a tinta ni a la frescura y al calor del círculo de estudio.
También es cierto que en el marco de la cultura de la virtualidad, los foros de discusión hoy se efectúan por medio de la computadora o de la teleconferencia, pero verle la cara de ansiedad o de enojo a un colega porque no comparte nuestras ideas, vale más que el espejo virtual que refleja las imágenes del satélite. Pero con esto no quiero desdeñar la importancia de la virtualidad, sino insistir en que no despeguemos los pies de la tierra; y que compartamos el calor de la mirada del otro; apoyando o refutándonos; que no perdamos de vista que las ideas son nuestras y que le apostemos más a los conflictos de la otredad real, y no nos angustiemos porque la red virtual no responde; ni porque el solitario o solitaria del otro extremo de la red sólo busca la manera de compartir con nosotros su soledad; dándole rienda suelta a su timidez. Pues al final de cuentas nuestro mundo es real, aunque no nos guste.
El docente de hoy, el maestro común y corriente, tiene alumnos reales; que le demandan conocimientos, contenidos y métodos interesantes que, además de que les sean útiles, se los transmitan sin tedio; y que, si es posible, les ayuden a comprenderlos para interiorizarlos y hacerlos propios. Esta es, así de simple, la tarea del docente; simple en su planteamiento, pero compleja en su desarrollo. Podría, en este sentido, decirse que la función del docente está asociada a la producción, procesamiento, almacenamiento y transmisión de información socialmente significativa para los alumnos. Así, almacenar, procesar y transmitir información son los verbos en que se sustenta la tecnología de la información; y ésta puede ser ordenada algorítmicamente en el concepto y estructura lógica del funcionamiento de una computadora. Pero la producción de ideas, su discernimiento y resignificación contextual y cultural es una función propia del cerebro del hombre. En otros términos, bien utilizada, la computadora es una herramienta al servicio de los docentes; con ella se pueden presentar mejor nuestras ideas; pero jamás podrá sustituirlas.
En el ámbito de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, no se conocen fronteras; al sitio acceden todos los que cuentan con una terminal computarizada y que dominan los protocolos de los enlaces. Aquí no hay xenofobia, ni por la raza, el color o el credo; aquí todos son bienvenidos pues no hay aduanas, ni rencores, ni censuras. Pero paradójicamente, en este mundo virtual de las libertades, no todo lo que se ve es real, ni todo lo que se lee es verdad; pero está ahí. Entonces, quien elige qué ver o qué leer es el sujeto, dueño de un libre albedrío; y ahí está la función del maestro para advertirle a sus alumnos que si van a navegar en la red en busca de soluciones, lo hagan con cuidado y con precisión; que sepan qué quieren y qué buscan para que satisfagan su curiosidad y su interés; que no generen tecnófilos, pero tampoco tecnófobos; pues la tecnología constituye un conjunto de recursos para nuestra utilidad y confort; y manejada por nosotros, representa una excelente aliada para apoyar nuestras tareas docentes y para facilitarnos la comunicación; pero no debe sustituirlas nunca.
Recordemos que en el inconsciente colectivo permea el paradigma tecnológico, como el modelo de pensamiento y de actuación para transitar con cierto nivel de éxito en este mundo globalizado. Sin embargo, tengamos presente que la racionalidad científica, que heredamos del siglo XX, nos propone una subordinación a las llamadas inteligencias artificiales que, si bien es cierto que nos han facilitado las tareas de subsistencia, tanto para el traslado, la alimentación y el esparcimiento, también habremos de admitir que han traído consigo atrofias físicas y mentales que no siempre las percibimos como tales. Ante este peligro de consecuencias fatales, los sujetos del siglo XXI requerimos superar el pensamiento tecnocrático y trasladarlo al terreno humanista; de tal forma que la ciencia y la tecnología sean nuestras aliadas, pero no las que dicten las directrices de nuestro pensamiento, y menos aún, que gobiernen nuestro comportamiento social y profesional.
5. Tres problemas básicos de la formación profesional
La formación profesional es asociada a la formación universitaria que se obtiene en una institución de educación superior; y principalmente se refiere al nivel de licenciatura. Y en el medio europeo la formación profesional se refiere más a la capacitación y actualización en el ámbito laboral que en las universidades; es decir, la formación profesional se encarga a un despacho especializado en el campo profesional de referencia o a una universidad; sin descartar que, frecuentemente, las empresas tengan su propio departamento de formación profesional.
Sea cual fuere el campo profesional, es cierto que en el proceso de formación profesional encontramos tres problemas básicos que se ubican principalmente en tres planos del conocimiento: el conceptual, el operativo y el actitudinal. El primero se refiere al dominio de los conceptos básicos de la profesión; el segundo, al dominio de las competencias necesarias para desarrollar las tareas propias de la profesión; y el último se refiere a las capacidades para relacionarse adecuadamente con los demás en el contexto laboral. Estos tres niveles raramente se desarrollan de manera equilibrada en las instituciones formadoras de profesionales.
Actualmente en el medio laboral se requiere contar con sujetos capaces de trabajar en equipo; capaces de acceder a la información de manera rápida y efectiva; con poco o nulo margen de error, pero principalmente se requiere de gente capaz para resolver problemas. Aquí no sólo es útil saber y conocer el campo profesional y el contexto asociado que estamos pisando. Se requiere de la viveza y la creatividad para encontrar y proponer soluciones convincentes ante situaciones de conflicto y entre sujetos conflictuados.
Por lo tanto, una exigencia de esa educación del futuro (que ya lo es hoy), es el desarrollo de la capacidad de socialización propositiva; la cual se sitúa en el ámbito de lo actitudinal, mencionado arriba. Pues una propuesta convincente estará sustentada en un cuerpo conceptual sólido y coherente; señalando el cómo desarrollarla en el nivel operativo; precisando, en su transferencia social, cada paso de su aplicación y explicando los niveles de solución del problema y los beneficios sociales e institucionales.
En síntesis, en la educación del futuro habrá de darse prioridad a la formación para la responsabilidad con base en la ética y en la sensibilidad humana que expulse la tentación de la intolerancia y la exclusión. Pues una educación responsable y ética enseña lo fundamental a nivel de los conceptos; lo factible a nivel de las competencias básicas, y lo razonable a nivel de las relaciones contextuales. Por lo que una educación en estos tres niveles es el fundamento de una formación científica, humanista y dinámica. De igual manera, la educación del futuro habrá de desarrollar en el sujeto las capacidades para elegir responsablemente a sus gobernantes; y en el mismo sentido lo habrá de preparar con la suficiente sabiduría y sensibilidad para resolver sus problemas sin confrontaciones verbales ni físicas. Así la sincronía entre la capacidad de elección y la de responsabilidad dotará al sujeto con las suficientes bases socioculturales para transitar con éxito en el mundo laboral y en el familiar
En la misma perspectiva, el sujeto habrá de aprender a resolver los conflictos haciendo uso inteligente de las ideas y del lenguaje, confrontando puntos de vista pero no chocando físicamente con sus interlocutores; con lo cual se ayudaría a pasar de una cultura de la violencia física y simbólica a una cultura de la paz y de la propuesta.
6. La función de la escuela en una sociedad educativa
Si la escuela ya no es el ámbito privilegiado para la socialización de los sujetos, tampoco puede considerarse como el único espacio de formación profesional. Y ahora también, con mayor frecuencia, el conocimiento nuevo sobre algún campo científico o proceso social, surge de espacios especializados externos a la escuela; incluso, el conocimiento surge y se transforma a tal velocidad que impacta primeramente a los ámbitos profesionales organizados en el sistema productivo de bienes y servicios y solo posteriormente lo hace en la escuela como institución. En tal sentido, los materiales educativos como fuente de conocimiento quedan desfasados rápidamente; entonces, en este escenario, es más importante buscar e identificar saberes ya existentes relacionados con el problema de nuestro interés, por lo que es más importante aprender y aplicar métodos de investigación antes que recitar contenidos.
Ahora más que nunca se requiere la experiencia y la creatividad de los profesores para generar materiales educativos de auto administración para el estudiante. Implica pues, orientar la función docente en las universidades y en los institutos hacia la sistematización de los procesos de docencia donde el estudiante confronte problemas que le ayuden a adquirir experiencias de alta significancia para su futuro desarrollo profesional. Implica para el profesor, mayor dedicación de tiempo y esfuerzos para elaborar materiales donde el estudiante encuentre el propósito de la materia, los objetivos claros, la metodología operativa precisa y principalmente guías de autoestudio que fomente el autodidactismo en el estudiante. Y algo más muy importante, que el estudiante aprenda, a través de la modelización, el proceso de elaboración de los productos exigidos en las unidades educativas; por lo que el saber, como ya lo he mencionado anteriormente, es muy importante, pero igualmente relevante es el saber hacer.
7. El futuro de la educación: entre la innovación y el cambio
El cambio institucional es el producto de un conjunto de estrategias, entre las cuales se integran las innovaciones. Siendo una innovación el producto de una investigación sistemática en algún campo del conocimiento, su instrumentación e implantación institucional tiene como propósito final el cambio organizacional. Pero, en el mismo sentido de la diversidad contextual de la cultura, no es recomendable que las innovaciones se generalicen; más bien, es más importante generalizar el desarrollo de las capacidades de innovación en los profesores, profesionalizándolos para que adquieran herramientas conceptuales y metodológicas para generar innovaciones.
Los cambios instrumentados para el mejoramiento de los maestros y los contenidos no son suficientes para generar verdaderas transformaciones institucionales. Primero porque no se pueden atacar simultáneamente todos los planos de las organizaciones; segundo, porque no hay secuencias universalmente válidas para asegurar los procesos de cambio educativo. En consecuencia, pareciera ser que las transformaciones institucionales obedecen a procesos de cambio graduales en el ámbito local; pues a causa de la diversidad cultural, lo que funciona para una institución puede resultar un rotundo fracaso en otra.
Por otra parte, si bien la centralización administrativa, en la actualidad es anacrónica, ninguna descentralización institucional es exitosa sin una administración central fuerte; de tal manera que descentralizar no es renunciar ni transferir todo el poder de decisión a los organismos locales; el éxito de una descentralización efectiva es acercar los servicios fundamentales de la organización a los usuarios de la misma; ofreciéndoles eficiencia y seguridad en procedimientos y trámites relacionados con la función que realizan y con los servicios que reciben. En el mismo sentido, no se pueden esperar resultados homogéneos instrumentando procedimientos homogéneos; la razón ya se ha expresado anteriormente, la cultura de una institución juega un papel diferenciador y la identidad institucional suele ser única entre una institución y otra; aún cuando pertenezcan a un mismo conjunto cultural.
En tiempos recientes los planes y los programas de estudio ponen más el énfasis en la información y muy poco se orientan a su aplicación en la solución de los problemas pedagógicos cotidianos. Por lo que una buena política educativa sería asociar de manera efectiva a la escuela con el mundo laboral; hacer de la capacitación en vivo una práctica y no instrumentarla solamente a través de los libros.
Pero, ¿cómo instrumentar la innovación a nivel institucional? Es factible integrar en las instituciones educativas grupos de trabajo con propósitos muy puntuales; por ejemplo, para la producción de materiales de apoyo; o para la discusión y manejo de métodos de docencia para los profesores o de estudio para los estudiantes; e incluso para la discusión de temas coyunturales de interés académico, científico, cultural y tecnológico.
En síntesis, habrá que perderle el miedo a volver a los orígenes de la escuela; la cual siempre estuvo asociada a su medio sociocultural; era una escuela que formaba para la vida en la vida cotidiana de los sujetos.
Por último, como profesor no puedo dejar de reconocer que la pedagogía ha perdido poder explicativo; la teoría de la educación se ocupa cada vez menos de lo que pasa en las aulas y se orienta con mayor frecuencia a criticar la función docente pero sin proponer soluciones al problema.
BIBLIOGRAFÍA
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