Dr. Antonio ALANÍS HUERTA
Cuando escribo pienso en las instituciones y en las personas; cuando hablo me refiero a mamíferos, cetáceos, crustáceos y moluscos; pero intento decir lo que el texto no dice; por lo tanto, pienso, hablo y digo lo no dicho (Antonio Alanís Huerta, 6 de septiembre de 2002).
Advertencia: Se trata de una historia original pensada y escrita en TRES ACTOS; para que los virtuosos de las artes escénicas la puedan montar en tres escenarios. Cualquier semejanza con historias reales es mera coincidencia.
PRIMER ACTO: EL INVESTIGADOR DE LO EDUCATIVO NAUFRAGA ENTRE LAS AGUAS PESTILENTES DE UN ESTERO INFESTADO DE COCODRILOS.
1. Las reglas del juego
En este trabajo voy a hablar de las vicisitudes de los investigadores de lo educativo o simplemente de quienes quieren hacer bien su trabajo; por el cual les pagan. Y si en el desarrollo de las explicaciones algún lector se ve camino a los pantanos, trate de asirse de cualquier saliente en el cauce, porque se dirige a una muerte segura; y asegúrese que no se trata de una pesadilla; porque en un sueño tiene posibilidad de salvarse, pero en el mundo real probablemente perezca en el intento.
Si en el mundo a donde vas no se juega con las reglas que conoces, estás perdido. Pero si quieres competir, primero aprende la lógica del juego y de las reglas. Pues en el marco de las estructuras organizacionales las reglas del juego son fundamentales; y seguramente estas reglas ponen en conflicto a los actores institucionales; y bajo estas reglas los jugadores saben jugar; pero cuando estas reglas cambian, los jugadores distraídos o los que entran con el juego en marcha, se equivocan y no saben qué hacer; son víctimas de la incertidumbre y de la desesperación; algunos jugadores no quieren jugar con estas nuevas reglas, pues han tenido éxitos con las reglas sabidas; entonces se resisten, entran en conflicto y terminan imponiéndose las reglas de quienes ejercen el poder real; desplazando a quienes detentan el poder formal. Frecuentemente estos que invierten la ley de la más elemental lógica en las instituciones, se conocen como los cocodrilos de los pantanos. Y cualquier lugar es bueno para hacer su pantano; convierten el agua cristalina en fango maloliente; y si en ese lugar antes el agua limpia corría, ahora la estancan para crear su ambiente donde viven tranquilamente. Y los habitantes de las otrora aguas cristalinas son eliminados o terminan por ser domesticados para el servicio de los cocodrilos; y en caso de escasez de comida son sacrificados y devorados en las fauces de estos saurios.
2. Los escenarios del trayecto investigativo: entre la administración del conflicto y el conflicto de la administración
Me voy a referir a los investigadores que creen cambiar el mundo con los resultados de sus investigaciones; pero que ignoran que una regla de oro en la investigación social consiste en no creer que se tiene la verdad y que lo que se logra sintetizar de los hallazgos es sólo como un ladrillo que puede servir para levantar un edificio; un edificio que requiere un proyecto, la decisión para levantarlo, el capital para financiarlo y las ideas para darle el uso más adecuado. Y en particular, me referiré de manera recurrente a los investigadores que pretenden, incluso, organizar y sistematizar en un solo corpus, toda la investigación que realizan los habitantes de un condominio que está representado por las instituciones de educación pública.
Esto no quiere decir que no sea importante realizar investigaciones educativas en el ámbito de un Ministerio de Educación o de un instituto o una universidad; de hecho es muy importante. Pero muy poco importa lo que se investiga y mucho menos interesa si aporta o no resultados para resolver problemas educativos, cuando la atención está, lamentablemente, en otros asuntos; y la vocación educadora de estas dependencias ha sido sustituida por el conflicto.
Pero, ¿cómo debemos entender el conflicto? Primero, como el resultado de un desequilibrio mental originado en los sujetos por la discrepancia de significados en valores y actuaciones con los demás sujetos con los que se interactúa. Esta discrepancia se expresa en desacuerdos, que con frecuencia tensan las relaciones intersubjetivas; pero el conflicto, primero, se instala en la estructura mental de los sujetos.
En segundo lugar, el conflicto es la manifestación social de los desacuerdos; es la faceta más conocida del conflicto; y es esta la que causa malestares sociales y genera opiniones controvertidas, según sea la apreciación que tienen los sujetos sobre la expresión del conflicto. Pero, la fase menos conocida es la de la transferencia de estas discrepancias del primer sujeto conflictuado, a los sujetos potencialmente conflictuables; así, este sujeto conflictuado se convierte en sujeto conflictuante, e incorpora a su malestar a sujetos débiles y dependientes que le seguirán por el camino del conflicto; y en el trayecto hacia la manifestación pública y masiva del conflicto, otros sujetos, que no son seguidores sino líderes, crean otros argumentos del conflicto y forman otro grupo conflictivo. Siendo esta una de las vertientes más comunes que generan grupos de conflicto y disminuyen la posibilidad de crear equipos de trabajo
En este sentido, la atención se centra en los grupos en conflicto, en los grupos de poder; pues no olvidemos que allí donde existen mucho grupos, el poder está dividido y el denominador común es el conflicto. Escasean los equipos, los que estudian los problemas y proponen soluciones; y quienes hacen o intentan hacer investigación educativa se convierten en marginales de la institución; en sujetos extraños en las organizaciones; por lo que frecuentemente son considerados ingenuos y en el mejor de los casos son tolerados y respetados como académicos pero no se les toma en cuenta para las grandes decisiones. En consecuencia, las autoridades educativas, en instituciones públicas como los ministerios de educación, y en no pocas universidades, están permanentemente administrando el conflicto y no les queda tiempo ni energía para pensar lo educativo; mucho menos para reflexionar sobre los problemas de la calidad de la educación.
Pero en estas labores quijotescas, todavía encontramos osados investigadores y académicos, que creen vencer a los cocodrilos guardianes de las instituciones educativas; e intentan traspasar decentemente las pesadas puertas de las organizaciones; y en efecto algunos lograron pasar, pero no han vivido para contarlo. Y dos de esos investigadores educativos, convertidos en peces, hoy son presa de los cocodrilos hambrientos; quedaron atrapados entre el fango de los pasadizos y los canales pestilentes. Y esperemos que aunque apesten, estén completos; que hayan sobrevivido a la furia de la bienvenida al inframundo; para lo cual sólo hay una forma de salir. Y esa es la tarea de estos peces; escapar de las fauces y de los coletazos de los saurios.
SEGUNDO ACTO: ¿CÓMO NADAR EN LAS AGUAS INFESTADAS DE TIBURONES?
“En las instituciones educativas, existen personajes que se mueven como peces en el agua; pero hay otros peces, los peces investigadores, que con frecuencia se ahogan en un vaso de agua; sin embargo, esos pequeños peces, cuando se convierten en delfines, son capaces de pescar cocodrilos y tiburones; pero no utilizan la fuerza, sino las redes finas de la inteligencia y el talento” (A. Alanís Huerta; 25 de julio de 2002).
1. El preámbulo
Hace diez años, me encontré por casualidad con un documento estenografiado, autorado por Voltaire Cousteau; un desconocido francés que falleció en París en 1812 y que escribió una especie de prontuario para los pescadores de esponjas, donde les advertía cómo evitar ser atacados por los tiburones. Y esta lectura me pareció un buen recurso didáctico para explicar los entuertos de la administración de instituciones educativas; y también para estudiar y explicar las relaciones de poder entre los grupos de poder en estas instituciones. Pero me pareció importante iniciar por identificar cómo llegó el pez investigador al mar. Y por esta razón empecé por identificarlo con los investigadores de lo educativo y con los académicos de buena voluntad que sólo quieren hacer bien su trabajo.
En el PRIMER ACTO, dejamos a los peces investigadores de lo educativo atrapados en el fango del pantano; que además está infestado de cocodrilos; en medio del lodo y custodiados por cocodrilos hambrientos, cuyas fauces despiden alientos pestilentes; y entre ellos se dan coletazos que enturbian más el agua y hacen más difícil la ubicación visual de los obstáculos y las salidas que seguramente conducen el agua turbulenta hacia los canales del desagüe.
En estas condiciones están esos peces investigadores de lo educativo que cuando hacían su trabajo de investigación “nadaron en aguas prohibidas”; tocaron intereses muy apreciados por los cocodrilos de la organización; quienes tienen a su cargo la gerencia y administración de esas instancias confinadas donde se ejerce el poder real. Y estos cocodrilos no son, con frecuencia, los administradores formales de las instituciones, pero ejercen en ellas un gran poder de influencia para la toma de decisiones. Pero cuando su supuesto poder de influencia no es efectivo en sus pretensiones, basta con que “muevan un poco las aguas” para que el sistema institucional se cimbre y la turbulencia se instale y se convierta en el medio ideal, donde los cocodrilos son unos maestros navegando.
En una de tantas, de esas turbulencias, quedaron confinados los peces investigadores de lo educativo; quienes iban ilusionados con la idea de investigar, de saber, de sistematizar y de dar a conocer a “la luz pública” lo que ocurre en el claroscuro del sistema de administración institucional.
Debemos saber que, en no pocas ocasiones, los cocodrilos son criados por el propio sistema organizativo; son alimentados con las migajas que a ellos les gusta consumir; y son utilizados por “sus administradores” para “mover las aguas” donde se prohibe nadar. Y en efecto, estos cocodrilos, que en otros tiempos dirigieron una parte del sistema organizacional, y que incluso fueron medianos o grises investigadores, han terminado como guardianes de los confinamientos y de las cloacas institucionales; por donde, a la vez, desfilan los deshechos rumbo al río, o hacia los canales que, finalmente, los conducirán hasta el inmenso mar.
Pero la preocupación inicial sigue patente: ¿cómo sacar del pantano a los peces investigadores de lo educativo que quedaron ahí atrapados por causa de su inexperiencia, de su obstinación o de su descuido?
2. El rescate del pantano o la fuga hacia la libertad
Existen dos procedimientos metodológicos para rescatar a los peces investigadores del fango del pantano; un procedimiento es externo y otro concierne a los propios peces investigadores. Pero el rescate lo deberán intentar los delfines o los tiburones educados; pues es necesario planearlo con inteligencia y con talento.
En el marco del enfoque externo, un delfín puede aplicar la estrategia de generar un disturbio entre los cocodrilos para que se distraigan; y en la turbulencia de las aguas y en la confusión, el delfín debe aprovechar ese tiempo para intentar el rescate de los peces investigadores.
Otra de las estrategias externas consiste en buscar la forma para que los cocodrilos guardianes vayan a “mover las aguas” en otro sitio; aprovechando este tiempo para rescatar a los peces investigadores. Otra variante de esta estrategia externa es la utilización de la táctica del halago a la que un cocodrilo no se resiste, pues carece de la inteligencia necesaria para distinguir lo falso de lo verdadero; pues generalmente tiene una baja autoestima y está necesitado de reconocimiento social; el cual difícilmente obtendrá mientras sea un cocodrilo guardián. Y este acercamiento, a través del halago, es una manera de infiltrar a los cocodrilos; y si funciona, habrá que intentar el rescate. Pero cabe señalar que esta táctica no es útil con un tiburón o un delfín pues generalmente es usada por un cocodrilo guardián que no ha alcanzado el nivel de refinamiento y de creatividad para ser creíble.
Sin embargo, estas estrategias requieren de la existencia de un equipo de rescate, que además de conocer los procedimientos de reacción inmediata e independiente, sea lo suficientemente inteligente para tomar decisiones acertadas y efectivas sobre la marcha de los procesos. Pero cuando el equipo de rescate no existe o cuando a nadie le interesa rescatar a los atrapados, el investigador de lo educativo en problemas sólo cuenta con su inteligencia, con su ingenio y con sus manos, para salir de esa cloaca sucia y pestilente; pero con inteligencia y talento, el investigador de lo educativo puede salir de ese agujero completamente limpio y sano, aún cuando sus ropas estén desgarradas y llenas de fango; habrá de cruzar el pantano como el ave del paraíso que emerge de su cautiverio sin mancharse sus alas.
El procedimiento metodológico interno exige una actitud inteligente y de inteligencia; inteligente para prever los escenarios de actuación de los cocodrilos guardianes; y con inteligencia, para infiltrar a un compañero entre los cocodrilos para que los distraiga y poder escapar.
Durante el tiempo que han estado atrapados en el fango, los peces investigadores ya habrán hecho una evaluación del terreno; ya habrán estudiado a sus guardianes e identificado sus fortalezas y sus debilidades; ya habrán delimitado su problema a dos o tres posibilidades de salida y tendrán claras, por lo menos, dos hipótesis que les permitan elaborar dos opciones de escape.
La opción A consiste en engañar a los cocodrilos guardianes haciéndoles sentir que los peces investigadores se están transformando en cocodrilos; el propósito es obtener de ellos la confianza necesaria para que, en un descuido de los guardianes, por lo menos un pez investigador pueda huir por uno de los canales que conducen al mar. La opción B consiste en hacerse los muertos y soportar los empellones y los golpes bajos, para que los propios cocodrilos los tiren por el canal del desagüe, como cualquier deshecho orgánico.
Una variante de la opción A consiste en vigilar a los cocodrilos guardianes y esperar a que se duerman; entonces, el pez investigador habrá de tomar suficiente aire para sumergirse y buscar la salida por la compuerta del canal que conduce al mar; pues una vez afuera, ningún cocodrilo se atrevería a seguirlos porque suelen ser muy perezosos y poco inteligentes; pero además, le temen al agua cristalina del mar; en síntesis, un cocodrilo guardián le teme a la verdad y prefiere vivir en su inframundo; pero le teme principalmente a la libertad pues no sabe qué hacer con ella y prefiere seguir atado a sus propias cadenas.
Sin embargo, los peces investigadores advierten que los cocodrilos están en permanente alerta y deciden que uno de los dos habrá de distraerlos y en cierta forma sacrificarse para que el otro pueda escapar para luego regresar a rescatarlo. De esta manera, uno de los peces investigadores se desplaza hacia uno de los rincones de la estancia y llama la atención de los guardianes (como los lectores decidan hacerlo), mientras el otro pez investigador toma aire y se sumerge hasta alcanzar la profundidad necesaria para salir por la compuerta del desagüe. Logra salir por el canal del estero y nada con todas sus fuerzas hacia el mar, en busca de los delfines que le ayudarán a rescatar a su compañero. Así, él ya está liberado; ya está nadando hacia las profundidades del agua cristalina del océano; y ahí, le esperan nuevos peligros; nuevos problemas y enigmas por resolver; ahí será puesta nuevamente a prueba su inteligencia, su frialdad y su instinto de supervivencia.
3. El imperio de los tiburones
El escape de los pantanos de la insidia, de la intolerancia y del caos le ha dejado al pez investigador de lo educativo, grandes enseñanzas y experiencias que le servirán para mantenerse a flote en el medio de la libertad; una libertad que exige ciertas pericias, actitudes y talentos para no perder el rumbo ni perecer en los días y en las noches de tormenta. Ahora sabe que los delfines son sus amigos e incluso, también, uno que otro tiburón redimido. Pero sabe que sólo el delfín estará dispuesto a ayudarlo en situación de conflicto y de peligro; pues el delfín es uno de sus mejores amigos.
Pero el pez investigador muy pronto tendrá que luchar con otros seres; con los tiburones; pues está a punto de invadir sus dominios; sus aguas y su comida; además de que los tiburones se creen los dueños del océano y conocen bien su territorio, las corrientes submarinas, las que existen por debajo del agua; pero también conoce los mejores escondites entre los arrecifes de coral y entre las propias redes de los pescadores que pretenden atraparlos. Por lo tanto, ningún tiburón permitirá que le invadan su territorio; pues considera que le pertenece.
Y en efecto, el pez investigador de lo educativo, por causa de esa inquietud y curiosidad por el saber, pronto ve pasar muy cerca de él, a un tiburón tigre que le observa fijamente. De inmediato el pez investigador lo describe y lo analiza; y estudia sus movimientos. Y el tiburón tigre al verse observado y analizado por el pez investigador, se pone nervioso; y se decide a atacar frontalmente al osado invasor. Al ver el ataque inminente, el pez investigador se sumerge y nada con todas sus fuerzas y logra esconderse en el nicho de un arrecife a donde el tiburón no puede llegar. Y después de varios minutos, al ver el tiburón que no podrá atrapar al pez investigador, por esta vez, decide alejarse; no sin haber hecho sentir al invasor que debe guardar una distancia precautoria. Y ante este primer acercamiento desafortunado con el tiburón, el pez investigador reflexiona cómo evitar un encuentro frontal con el escualo.
4. Cinco lecciones para nadar entre los tiburones
A partir de las recomendaciones de Voltaire Cousteau, se pueden identificar cinco reglas para enfrentar a los tiburones; y que más abajo se presentan en cinco lecciones. En estas reglas se destaca que los nadadores deben dar por hecho que todos los peces no identificados son tiburones; otra regla de oro es no sangrar en presencia de los tiburones; y otra en la que se aplica muy bien el refrán que dice que el que pega primero pega dos veces; por lo tanto, si alguien te intenta agredir, dale un fuerte puñetazo en la nariz, para que sepa que estás en alerta; pero también, Voltaire Cousteau recomendaba que si alguien está sangrando en el agua, es necesario salir de inmediato; y por supuesto, estar siempre prevenido contra las represalias; principalmente, es necesario estar prevenidos para responder con anticipación a un ataque que se esté preparando contra el nadador. Y desde ya, es urgente desactivarlo o desorganizarlo.
En su refugio del arrecife de coral, el pez investigador analizaba las cinco reglas de sobrevivencia; y empezó a reflexionar sobre las enseñanzas ahí contenidas y comenzó a diseñar un plan de escape; porque estaba seguro que se encontraba en una zona infestada de tiburones y su vida valía muy poco si permanecía en ese rincón de coral; de hecho había salido de un agujero en los pantanos y ahora estaba metido en otro, diferente, con mayor dominio del medio, pero ante un peligro inminente; estaba pues, en una zona de alto riesgo.
Primera lección. Todos los tiburones se pueden identificar por su apariencia escuálida; siempre traen sobre su espalda un pequeño pececillo llamado rémora; lo que en el pantano equivale al cocodrilo con una piraña en el lomo; pero no todos los tiburones tienen apariencia de tiburón. Por lo que no debes confiar en ningún pez; pues puede tratarse de un tiburón disfrazado. Un nadador inexperto suele terminar mutilado de un brazo o de una pierna por confiado. Y claro, cuando el nadador es herido, sangra; y la sangre atrae a otros tiburones; o lo que es lo mismo, cuando muere el rey le llevan flores al nuevo rey y le echan más tierra al viejo rey; al rey ya muerto.
Segunda lección. Si ves a tu vecino sangrar no te pongas a remojar; ¡sal del agua! Pero si eres herido en combate o en el agua, ¡no sangres! Pues la sangre atraerá a más tiburones para destrozarte. Con inteligencia y con talento puedes conservar la compostura y evitar la sangradura; pero si no logras aprender a no sangrar, mejor retírate y sal del agua. Si el tiburón te ve que no sangras lo desconcertarás y no sabrá qué hacer; y en ese titubeo le puedes dar un fuerte puñetazo en la nariz o efectuar la retirada estratégica.
Tercera lección. Un tiburón te advierte antes de atacarte; por lo que si te dejas golpear será porque te gusta sufrir para luego hacerte la víctima y chantajear a la opinión pública; pero si le quieres hacer frente, recuerda la segunda lección, y dale un fuerte golpe en la nariz.
Cuarta lección. Existen tiburones con memoria histórica y otros que todo lo olvidan; los primeros, tendrán presente que una vez los golpeaste y buscarán vengarse; pero ya no de frente porque recuerdan también que sabes defenderte. Pero los olvidadizos suelen volver a atacar y a esos es necesario volverles a pegar fuerte en la nariz. Y procura que el golpe sea tan fuerte que el tiburón sangre de tal forma que el olor atraiga a más tiburones y se acaben entre ellos; pero no te quedes en medio de la pelea; ¡salte del agua!
Quinta lección. Los tiburones son territoriales; y defienden su espacio con fiereza; pero los tiburones no trabajan en equipo; aunque pueden formar un grupo si son llamados por la sangre. Y por ser tan individualistas y territoriales difícilmente lanzan un ataque concertado y organizado; por lo tanto, son vulnerables a la discordia; y responderán agresivamente contra quien les han informado que les agredió; no verifican su información; por lo cual, con frecuencia se equivocan; entonces, la solución para salir del escondite con probabilidades de éxito es usar la inteligencia y el talento para que se peleen entre ellos y mientras tanto deberás aprovechar para salir rápidamente de la zona de riesgo.
5. En busca de los delfines
Poco a poco y con sigilo, el pez investigador atisba la salida en el arrecife de coral que ha sido su refugio; está en zona de riego, en territorio de tiburones; hace un reconocimiento del entorno acuático y no hay tiburones a la vista; pero el pez investigador intuye que están cerca. De pronto, ve que se acercan dos tiburones por los flancos y otros más lejanos; de inmediato pone en práctica la quinta lección y se queda estático entre los dos tiburones que se dirigen hacia él de manera vertiginosa y cuando abren sus fauces, el pez investigador hace un giro rápido y uno de los tiburones mordió al otro; produciéndose un fuerte golpe y abundante sangre que atrajo a los demás tiburones. Aprovechando la confusión el pez investigador llegó a la superficie y pudo respirar el aire del océano y sentir el cálido cobijo del sol. Avistando muy cerca tres delfines que nadaban hacia él; eran los delfines que venían en su ayuda; eran sus amigos, sus mejores amigos que le ayudarían a rescatar a su compañero que quedó atrapado en los confines de las pestilentes aguas de los pantanos.
TERCER ACTO: ¿CÓMO NADAR CON LOS DELFINES EN EL OCÉANO DEL CONOCIMIENTO?
1. El enlace de la historia
Una lección importante en esta historia es que el investigador de lo educativo no siempre se mueve como pez en el agua; es probable que sobreviva a un ataque de cocodrilos en aguas pantanosas pero es más difícil escapar de las aguas infestadas de tiburones; y cuando lo ha hecho su primera acción será hacer un inventario de sus miembros para verificar si salió completo; y seguramente salió lastimado; pero como aprendió a no sangrar, probablemente no sea notoria su herida, pero él sabe, porque siente, que está herido.
En el SEGUNDO ACTO, dejamos al pez investigador escapando de la furia de los tiburones; de los tiburones grises que custodian los arrecifes de coral en las instituciones; esas masas multicolores sin forma que son las grandes agrupaciones; el pez investigador no logró llegar a las profundidades donde moran los tiburones blancos; pues ahí están los secretos de la organización; las claves de la evolución de los tiburones; por eso existen los tiburones grises y los tiburones tigre, que tienen la función de resguardar esos secretos; los cuales no logran develar las más sesudas auditorías de tiburones de otras aguas ni tampoco los delfines, pues éstos son nadadores de superficie, de aguas tibias y tropicales; además, son cetáceos que requieren oxigenarse constantemente para seguir vivos.
2. El encuentro con un cefaloctópodo
En su camino hacia la superficie, el pez investigador fue avistado por un pulpo; ese extraño ser que tiene la cualidad de estar en más de tres lugares a la vez; gracias a que posee ocho tentáculos que le permiten cobrar en varios lados por tareas que supuestamente hace pero que no hace. Es un ser de las frías y oscuras profundidades pero que rápidamente se adapta y puede subir a las tibias aguas de la superficie para alimentarse de crustáceos y moluscos más pequeños que él. Y es aquí, en este medio de temperatura templada y rica en alimento, que el octópodo establece su territorio.
El pulpo es un depredador natural; que ha aprendido bien que, en medio de la turbulencia, nada es lo que parece ser; y lo que es, da la impresión de no ser. Y así, ha establecido su territorio donde tentalea, pero nunca permanece; sin embargo, está convencido que es su territorio; por eso, cuando un osado investigador, ya sea pez o delfín, se acerca con la intención de clarificar las aguas del entorno, el pulpo procede a mover con fuerza las aguas, soltando su veneno negrusco de su orificio bucal. Mientras tanto, el pez investigador se repliega; y el pulpo aprovecha el lapso para cambiar de táctica y escondiendo seis de sus tentáculos, se muestra sólo con dos y le limpia el camino al pez para que pase, utilizando la táctica del halago y la lustrada de zapatos. Y así, el pez investigador, poco experto, se traga el anzuelo y sale de ese territorio. En la superficie le esperan los tres delfines que van en su busca para salvarlo de las aguas infestadas de tiburones y de pulpos insaciables.
3. El encuentro con los delfines
Después de engañar a los tiburones y “al pulpo”, el pez investigador llega por fin a la superficie; ahí lo esperan los delfines para acompañarlo hacia un lugar seguro, donde habrá de tomar un descanso y conversar con sus amigos los delfines.
Una vez que el pez investigador les cuenta a los delfines su historia con los cocodrilos, con los tiburones y los octópodos, les pide consejo para poder liberar a su amigo que quedó atrapado en las aguas pestilentes de los pantanos; y los delfines le dicen cómo intentar el rescate de su amigo; además de ofrecerle llevarlo a las proximidades de los esteros.
Pero, el pez investigador, incansable cuestionador y curioso, quiere saber quiénes son los delfines que le han salvado de perecer en las aguas del océano. Y uno de ellos le cuenta que en otros tiempos eran como él; peces investigadores que buscaban la verdad en todos lados; que sufrieron también los coletazos de los cocodrilos y la mutilación por mordedura de tiburones y alguno de ellos perdió la vista por escudriñar muy de cerca en el agua turbulenta de los pulpos; y otros perecieron en las profundidades donde habitan los tiburones blancos. No obstante, uno de los delfines fue también un tiburón tigre que logró salir de la oscuridad para aprender a nadar entre los peces multicolores; fue atacado incluso por otros tiburones en medio de un conflicto entre pulpos y escualos heridos.
Y sin embargo, a pesar de las amargas experiencias vividas, los delfines se habían propuesto la tarea de enseñar a nadar mejor a los nuevos peces investigadores; para que aprendieran a navegar por aguas turbulentas sin naufragar; para que adquirieran las habilidades para esquivar con inteligencia los ataques de los tiburones y para no dejarse atrapar por las perversas y venenosas intenciones de los pulpos. Pues los delfines estaban ciertos de una cosa: la inteligencia y el talento no bastan para sortear los obstáculos de la vida; es necesario el trabajo, la disciplina y el esfuerzo; pero también ser responsables y respetuosos. Con estos cinco elementos se puede tener éxito en la vida; los dos primeros son atributos que se cultivan; los otros tres son valores que se aprenden y se perfeccionan si se practican; pero la responsabilidad y el respeto sólo se aprenden si se viven en la familia.
Con esta lección, el pez investigador emprendió el retorno flanqueado por los tres delfines; uno representaba el talento, otro la inteligencia y el tercero el esfuerzo; pero los tres sabían la importancia del valor del trabajo y la disciplina.
4. El rescate en el pantano
El pez investigador llegó al estero con sigilo; había aprendido a esperar y a pensar sus decisiones; su acercamiento exterior e inesperado le permitió revisar cuidadosamente la configuración del entorno; y pensó cómo liberar a su compañero.
En el entorno pululaban los moradores rastreros; los que viven en los rincones más apartados de la organización; allí donde la limpieza no logra entrar. A estos moradores sólo les importa su “pellejo”; pero algunos de ellos se han convertido en informantes de los cocodrilos guardianes; por lo que el acercamiento debería hacerse con mucho cuidado. Y sólo había una forma de liberar a su compañero; al menos esa era la recomendación de los delfines.
En vista de que los cocodrilos guardianes estaban habituados a vivir en el fango era necesario sacarlos de ahí; por eso, el pez investigador logró encontrar las manivelas de las compuertas que mantenían el agua pestilente en el pantano; y curiosamente sólo se abrían por fuera; lo cual resulta lógico pues los moradores del interior no tenían ningún interés en salir; al menos que les promovieran al puesto de jefe de los cocodrilos guardianes. En este caso sólo salían de los pantanos pero permanecían en el interior.
El pez investigador consideraba que su amigo podría haber desaparecido; pero en honor a su amistad y a los delfines que le ayudaron, debería intentarlo. Y así, al vaciarse el estanque, el pez amigo quedaría liberado de las pestilentes aguas y podría aprovechar para salir por la compuerta abierta; ese era el plan de rescate. Entre tanto, los cocodrilos desconcertados tratarían de salvarse saliendo del agua pronto o serían arrastrados por la corriente rumbo al estero. Y así lo hizo el pez investigador; abrió las compuertas y vio pasar a su lado a varios cocodrilos arrastrados por la fuerte corriente de aguas pestilentes; y al final, asido a un saliente del canal, estaba el pez amigo, cubierto de fango, pero vivo; y al mismo tiempo los cocodrilos que estaban fuera del estanque dormidos, por instinto se habían arrojado al agua; unos fueron arrastrados hacia el exterior y otros quedaron noqueados por el terrible golpe al caer en el canal vacío. En cierta forma el pez investigador había liberado a los cocodrilos guardianes de sus propias cadenas.
5. El epílogo
Al iniciar esta historia empecé planteándola como una realidad; con tintes de pesadilla; pero mi intención fue y sigue siendo generar en el lector una lectura contextual y no sólo textual; una lectura de lo no escrito y de lo no dicho. Pero incluso, una lectura textual es útil en primera instancia; y luego pasar a una búsqueda de las metáforas implícitas en el texto; porque otra de mis intenciones es sostener que en el texto están implícitas diversas metáforas; pero en todo caso, la intención didáctica es la exploración de esta manera de escribir un artículo pedagógico; con el auxilio del cuento y la literatura, incorporando la experiencia como elemento integrador de aprendizajes y enseñanzas para eliminar del proceso educativo ese ingrediente de tedio, despertando la imaginación para fomentar la creatividad en los niños y en los jóvenes. Porque sin imaginación y creatividad no se puede impulsar el trabajo científico, pues el talento y la inteligencia no bastan, se requiere una fuerte dosis de energía creativa, del esfuerzo y del trabajo disciplinado y constante; pero sobre todo, se requiere voluntad y osadía para transitar en el inmenso océano del conocimiento científico; pero manteniendo los pies sobre la tierra para no perder la sensibilidad por la sonrisa de un niño o por la intensidad y la armonía de un poema o ante la crueldad de la guerra y la discriminación del género humano.
Y quiero terminar esta historia, con el epígrafe que da paso al SEGUNDO ACTO, el de los tiburones, porque considero que encierra el reto más importante de cualquier pez investigador: convertirse en delfín del conocimiento y de la sabiduría pedagógica para saber guiar a los náufragos a buen puerto.
“En las instituciones educativas, existen personajes que se mueven como peces en el agua; pero hay otros peces, los peces investigadores, que con frecuencia se ahogan en un vaso de agua; sin embargo, esos pequeños peces, cuando se convierten en delfines, son capaces de pescar cocodrilos y tiburones; pero no utilizan la fuerza, sino las redes finas de la inteligencia y el talento” (A. Alanís Huerta; 25 de julio de 2002).
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario