lunes, 26 de octubre de 2009

ALGUNAS RAZONES PARA LEER EL LIBRO FORMACIÓN DE FORMADORES, del Dr. Antonio ALANÍS HUERTA

ALGUNAS RAZONES PARA LEER EL LIBRO FORMACIÓN DE FORMADORES, del Dr. Antonio ALANÍS HUETA.
Por Arturo Pizano Hurtado

1. Palabras previas

Una vez más, nuestro colaborador y amigo, el Dr. Antonio Alanís Huerta, pone a disposición de sus lectores esta nueva edición de su libro Formación de Formadores, corregida y aumentada, que la Editorial Trillas ha decidido volver a editar e imprimir. Recordemos que la primera edición de esta obra salió en noviembre de 1993, siguiéndole varias reimpresiones, con un éxito de ventas muy importantes que han puesto el pensamiento y obra del Dr. Alanís, en la mayoría de las bibliotecas de América Latina y España; y por supuesto, también ha transitado las aulas en los cursos de Ciencias de la Educación, de Pedagogía o de Investigación Educativa de las más prestigiadas universidades e institutos de educación de México y el extranjero.

Para Panorama Universitario es motivo de celebración cuando uno de sus colaboradores frecuentes, quien desde más de diez años ha compartido sus ideas con nuestros lectores, logra objetivos tan notables como la publicación de un libro. Pero esta ocasión dejémosle la palabra al Profesor Arturo Pizano Hurtado, uno de sus amigos profesores que vio los inicios del profesor Alanís, desde hace más de 20 años, a su regreso de estudiar el Doctorado en Ciencias de la Educación, de la Universidad de Caen, Francia.

2. La presentación

No es fácil hacer la presentación de un libro, cuando se ha estado muy cerca de quien lo elabora; pero no puedo declinar la invitación que me hizo el autor para realizar tan compleja y ardua tarea. Antonio Alanís Huerta ha estado vinculado por mucho tiempo al campo educativo. Primero, como estudiante de la Escuela Normal Superior de Michoacán“José María Morelos”, donde en 1980, donde se gradúa como licenciado en educación de adultos en el marco de la educación permanente. Por aquel tiempo ya se podía apreciar su vocación por el trabajo académico así como una prometedora, aunque incipiente, formación, su inquietud e interés por el conocimiento de la educación. Siendo un luchador de la vida real, se doctora en Ciencias de la Educación, nada menos que en la Universidad de Caen, Francia en el año de 1984; cuna de las Ciencias de la Educación en el mundo; teniendo como presidente de su jurado al Prof. Gastón Mialaret, uno de los padres de estas ciencias.

He tenido la fortuna de caminar junto con él desde hace muchos años, primero recuerdo una gran conferencia que nos ofreció, en 1985, siendo el que escribe aún estudiante del Instituto de Ciencias de la Educación (IMCED) sobre la ultima novedad en el campo de la planeación que recuerdo se llamaba “programación por el método PERT. Posteriormente nos reencontramos en la ciudad de Guadalajara donde él fue invitado por la Universidad de Guadalajara (UdeG). Con el paso del tiempo el autor del libro “Formación de formadores”, abre nuevos caminos para el posgrado en nuestro país, creando las maestrías en Ciencias del IMCED, colabora en la de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), hasta el día de hoy; también la de la Escuela Normal Superior del Estado de Baja California Sur y de la Maestría en Educación del Centro de Actualización del Magisterio en Michoacán.

Posteriormente, por su formación académica y su experiencia práctica, le surgió al Dr. Alanís, la inquietud por conocer y participar en el campo de la formación de profesores, tarea que hasta este momento desempeña. El Dr. Alanís, tengo bien presente, dice que “la inteligencia y el talento no bastan; que se requiere una buen dosis de trabajo, disciplina y esfuerzo” para lograr las metas que nos propongamos. Pero también sostiene que al sabor de un buen café expresso cortado, en una veranda o terraza al aire libre, en su querida Morelia, le nace la inspiración para escribir; y es así como da origen al libro que hoy presentamos y que lleva por título “Formación de formadores”. En este enunciado hace referencia al lugar que ocupa la actualización, la capacitación y el desarrollo profesional de los maestro de México y del mundo; con lo cual él ha vivido muy de cerca en las últimas décadas.

El texto que hoy se presenta en su segunda edición, corregida y aumentada, es el resultado de una investigación, muy original, tanto por la elección del tema, como por los planteamientos metodológicos para abordarlo. Antonio Alanís Huerta, incursiona en un terreno no muy explorado por los académicos de lo educativo, y lo aborda de manera imaginativa, combinando el análisis conceptual, propio de la teoría educativa, con la experiencia de alguien que vive de cerca los problemas educativos, tanto en el aula como fuera de ella. Así, analiza, estudia y propone ideas sobre “la investigación y la docencia”, que a su vez tiene dos grandes apartados que son la “formación por y para la investigación”, así como “formación y proyecto personal de investigación”.

Si bien la principal aportación la podemos encontrar en la metodología de que se vale para esclarecer su objeto de estudio, también hay que destacar la amplitud de la investigación y la minuciosidad del análisis de la temática que aborda; es decir, mientras en la primera edición se dio un total de siete capítulos, en esta segunda se agregan cinco capítulos más; con lo que se demuestra la continuidad y puesta al día que da el Dr. Alanís a su trabajo de investigación en el marco de la educación permanente y de la cual hacemos mención en esta segunda edición del libro “formación de formadores”.

El autor, en el primer capitulo, toca aspectos conceptuales y operativos de la formación , como los conceptos de educación permanente y la educación para adultos entre otros; desde otro punto de vista comenta y analiza lo relacionado con la identidad científica de las ciencias de la educación, afirmando “que la investigación educativa es ante todo investigación social, es decir, se interesa por los fenómenos sociales; ahora bien, afirma que ningún fenómeno social se rige por los mismos principios que los fenómenos naturales. Los fenómenos sociales son multivariables, multidimensionales y de universos restringidos, son de carácter universal y a la vez particular, adquieren significado contextual en un tiempo y en un espacio particular”, en tanto que los fenómenos naturales ocurren en circunstancias iguales o similares y siguen los mismos principios de repetición y significación.

Posteriormente presenta una tipología sobre el rol que se asigna al formador de formadores; argumentando cómo este rol cambia, de ser pedagogo a psicólogo y de psicólogo a instructor o facilitador, así para el Dr. Alanís el papel de formador consiste en ser a la vez un líder, informador, animador, facilitador, pedagogo, psicólogo, sociólogo e instructor. Con esta versatilidad de roles, impide que sus funciones sean delimitadas con exactitud. Sin embargo, afirma que cada día se requiere un formador más calificado, con más y mejores conocimientos y experiencia en el campo de la investigación educativa, con una formación filosófica, pedagógica y sociológica sólida; sin descuidar otras disciplinas como la cultura, la economía y preferentemente, la política, la andragogía y la psicología de los niños y los adolescentes.

En el segundo capitulo que lo denomina “seminarios y talleres de formación para la elaboración y desarrollo de proyectos de investigación” el autor nos propone una estrategia teórica sobre cómo debe ser el diseño, la elaboración y desarrollo de proyectos de investigación, en el cual especifica lo que se refiere a generalidades, tales como, saber realizar un diagnóstico, cómo operar un seminario o taller de investigación o en qué consisten las asesorías individuales; cómo debe ser la participación del asesor en el planteamiento de los problemas individuales detectados con base en los requerimientos del proyecto personal de investigación; cómo organizar una exposición de los productos logrados en etapas anteriores en una plenaria y como parte fundamental en el proyecto de investigación, un cronograma que permitirá realizar un seguimiento minucioso del desarrollo de la investigación y detectar los problemas presentados durante su realización.

En los capítulos tres y cuatro, el autor analiza los aspectos positivos de asociar la formación con la investigación. Desde su particular punto de vista, ve a la investigación como un “proceso de creación y recreación de conocimiento” perfilándola como una alternativa viable para eliminar el tradicional consumismo de conocimientos que solo conduce a formar individuos acríticos, repetidores de ideas plasmadas en los textos de estudio.

El Dr. Alanís Huerta, de acuerdo con esta idea , presenta una experiencia de formación basada en la metodología del proyecto, en donde afirma que “ la formación de formadores es un proceso permanente cuya razón de ser es la vinculación constante entre la teoría y la práctica, por tanto ninguna acción de formación tendrá sentido si los elementos adquiridos no son confrontados en un espacio contextual que los valide; en el caso concreto de un profesor, tendrá que ser el contexto donde éste realiza su práctica cotidiana”

En el capitulo quinto, que el autor ha denominado “concepción y diseño del cambio entre el malestar institucional y la transferencia conceptual” se hace una comparación entre lo que se da desde el punto de vista teórico en relación a los cambios estructurales de las instituciones y su propia experiencia en este mismo campo, ya que él es de la idea de que para que exista un cambio verdadero y trascendental, se necesita que existan rupturas de cadenas, ya que lo ejemplifica muy bien cuando, de manera sencilla, nos dice que no hay parto sin dolor y que el cambio duele; lo que significa en nuestra realidad que para que haya cambios en las instituciones efectivos, de cualquier nivel, se necesita hacerlo en la concepción de las ideas, pero también en los sujetos y luego en su estructura administrativa. ¿Pero cómo lograrlo? Pues a través de ideas y el esbozo de la propuesta de cambio institucional se debe sustentar entre la creatividad, la imaginación y la resistencia. Sin estos elementos no habrá cambios sustanciales; precisando que algo que no podemos dejar de lado es el conocimiento de los orígenes de la institución y la historia de las personas.

Las ideas fundamentales de la propuesta de cambio, además de tener una visión de futuro, no pueden olvidar las enseñanzas del pasado y las exigencias del presente. También nos comenta que el hecho de impulsar cambios institucionales sin una justificación se puede convertir en un problema de ideas y de sistematización, ya que la mayor parte de los académicos en las instituciones tienen miedo a cambiar y prefieren seguir en la inercia del no cambio; también nos dice que para generar cambios se requiere “incorporar al equipo a los inquietos y a los rebeldes de pensamiento, que no permiten la imposición de voluntades o de recetas sobre cómo pensar…”

En el capitulo sexto, pone el acento sobre la ciencia y la tecnología, enfrentándola a la propuesta de explicaciones y soluciones y sostiene que “si bien entendemos que científicos, tecnólogos y humanistas constituyen grupos y campos profesionales bien identificados y delimitados” también nos dice que “hoy se incorporan nuevas profesiones y nuevos retos a estos campos semánticos y profesionales” y especifica cada una de las disciplinas que hay en cada uno de estos campos. También señala en su apartado “ciencia y tecnología: procesos inacabados de pensamiento” que “que tanto la ciencia como la tecnología son conceptos y expresiones del pensamiento inacabado; por la razón debemos considerar que ni la ciencia tiene ni ofrece todas las explicaciones ni la tecnología plantea todas las soluciones a los problemas; sin embargo ambas están en la búsqueda de las explicaciones y soluciones. De igual manera, en este capitulo nos lleva a reflexionar sobre situaciones reales que se están dando en el campo educativo como qué hay que hacer entre el uso del material de papel y el uso de la computadora, el papel del docente de hoy y las nuevas tecnologías; o bien, subraya el dilema de continuar con un discurso verbal o hacer uso ya de la virtualidad y los recursos digitales. Este aspecto nos lleva a la reflexión sobre qué es lo más importante en la actualidad dentro del proceso enseñanza- aprendizaje.

En los capítulos siete, ocho y nueve, el Dr. Alanís Huerta, presenta planteamientos estratégicos acerca de la vinculación, entre investigación y formación en los estudios de posgrado; mostrando algunas ideas sobre este proceso; también afirma que “ en la actualidad es inconcebible un profesor de educación superior que no realice investigación relacionada con la disciplina que enseña” pero que el perfil de docente o investigador se conforma mediante un proceso más o menos largo de formación teórica, reflexión, abstracción y práctica concreta; es decir culminando las ideas en la práctica y reconstruyendo otras desde la práctica.

En los capítulos diez y once que también se agregan en esta segunda edición, el autor hace énfasis sobre cómo debe ser la “educación del futuro, pasando necesariamente de la estructura mental a la estructura institucional” En el capítulo diez, señala que la educación siempre ha estado presente y dentro del contexto social y en lo que se denomina mercado laboral, lo cual significa, que como antecedente de esta acción educativa se debe considerar la conceptualización sobre educación, cultura y sociedad. Por la razón, los “procesos de globalización de la economía y la política están incidiendo de manera considerable en la mundialización de la cultura”. Así también el autor nos hace la reflexión sobre el análisis contextual en donde señala “hemos creído durante mucho tiempo que la escuela es el espacio de socialización por excelencia, y lo ha sido en otros tiempos; pero ya no lo es más. Hoy la escuela no alcanza a socializar sus problemas personales y laborables en el espacio escolar” Así, nos plantea también los tres problemas básicos de la formación profesional, “el conceptual, que se refiere al dominio de los conceptos básicos de la profesión” el operativo, que se refiere “al dominio de las competencias necesarias para desarrollar las tareas propias de la profesión” y el actitudinal, que se enfoca a “las capacidades para relacionarse adecuadamente con los demás en el contexto laboral”

Así mismo, nos lleva a pensar sobre la función de la escuela en una sociedad educativa, cuando señala que ya no puede considerarse como el único espacio de formación profesional ya que “el conocimiento nuevo sobre algún campo científico surge de espacios especializados externos a la escuela”. Entonces, se plantea esta pregunta ¿Cómo sería el futuro de la educación?” y el Dr. Alanís nos dice: “El cambio institucional es el producto de un conjunto de estrategias entre las cuales se integran las innovaciones. Al ser una innovación el producto de una investigación sistemática en algún campo del conocimiento, su instrumentación e implantación institucional tiene como propósito final transformar el campo organizacional” Con esta reflexión se puede concluir que “las trasformaciones institucionales obedecen a procesos de cambio graduales en el ámbito local, pues a causa de la diversidad cultural lo que funciona para la institución puede resultar un rotundo fracaso en otra”

En el último capítulo, el once, que el autor ha denominado ¿Nuevas profesiones para nuevos retos? Nuevas actitudes para nuevos escenarios, se plantea un panorama general de los cambios que se han dado a nivel internacional en cuanto a los aspectos sociales, políticos, económicos y culturales, en función del desarrollo de la ciencia y la tecnología en los campos del conocimiento. Así, se puede decir que las sociedades requieren de nuevas profesiones como “la robótica, que ha alcanzado una importancia extraordinaria gracias al desarrollo y aplicación de la micro electrónica, la biotecnología y la ingeniería genética, lo cual ha impactado cualitativamente en la organización del trabajo y las condiciones laborables en las instituciones educativas y en las empresas” El Dr. Alanís concluye este tema diciendo: “en las instituciones formadoras de profesionales los planes de estudio habrán de orientarse al equilibrio del saber con el saber hacer”.

Algo que me llama la atención es el subtema denominado “Los retos de la educación superior”. Debo hacer mención que el autor se ha desempeñado durante toda su carrera en el ambiente de la educación superior, y que por su experiencia académica en estos niveles tiene la autoridad para plantear con lujo de conocimiento cinco grandes retos que, por brevedad, sólo enuncio pero que cada uno tiene su fundamento en el libro y ellos son: “El desarrollo de la ciencia y la tecnología en un contexto politizado. La formación profesional frente a la oferta del empleo. La competencia profesional y la recertificación. La calidad de la formación profesional y la actualización del contenido. La formación para la convivencia laboral y la participación ciudadana”

De la propuesta del Dr. Alanís Huerta se abre un terreno amplio de investigación y de estudio, que ojala resulte fértil, para poder incursionar con mejores herramientas en el campo de la docencia y la investigación educativa, para tratar de ser mejores profesionales de la educación.

De lo que se ha comentado del libro espero se desprenda el interés para que estudiantes y docentes de los distintos niveles educativos y disciplinas, pero en especial las relacionadas con la enseñanza. Pero al mismo tiempo felicito al Dr. Antonio Alanís Huerta, por el trabajo realizado y a la editorial, por la publicación de la obra y hago votos por que tenga una larga y exitosa existencia en las bibliotecas personales y de las instituciones, que no en las librerías, porque eso querrá decir que habrá sido adquirido para ser leído y consultado.

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