domingo, 2 de diciembre de 2012
APRENDIZAJES VIRTUALES Y REDES NEURONALES. No se ven pero están ahí, en el cerebro y en el medio que nos rodea.
1. Contextualización temática. El cerebro mantiene una relación dinámica con el medio.
El estudio del cerebro humano, en el mundo científico, ha sido motivo de análisis e investigación exhaustiva desde el siglo XIX; explorándose con mayor interés y profundidad durante la primera mitad del siglo XX. Siendo la segunda mitad del siglo pasado la que conoció un gran desarrollo científico en cuanto al estudio del cerebro como la gran máquina que gobernaba la actuación humana, por lo que se dieron los primeros pasos –firmes y definitivos – para emular su funcionamiento y diseñar cerebros artificiales para la ejecución de actividades peligrosas y delicadas en la industria de la transformación utilizando robots y procesos computarizados; además de que su aplicación, en los viajes de exploración del espacio, despegaron con gran fuerza en los años sesenta.
Sin embargo, a principios de 1990 el gobierno de los Estados Unidos de América proclamó que ésta sería la Década del Cerebro, en referencia a que la sociedad actual estaba siendo afectada por un conjunto de enfermedades -cada vez más notables- y que estaban incidiendo en la calidad de vida de los ciudadanos; enfermedades vinculadas de manera expresa con el funcionamiento del cerebro. A partir de entonces, y aprovechando los fondos destinados para las investigaciones, se fortaleció el estudio del cerebro desde diversos ángulos, pero predominando los de la medicina; principalmente en el ámbito específico de la anatomía, biología, química, neurología y cirugía. De tal suerte que, aprovechando esta coyuntura, otras disciplinas científicas se abocaron también a estudiar las relaciones que tienen los procesos cerebrales con los de aprendizaje y enseñanza en las escuelas, pues hasta esa época se circunscribían, preponderantemente, a la psicología, sociología, filosofía y pedagogía.
En esa década se reconocen importantes análisis e investigaciones sobre neurociencia y nuevas tecnologías aplicadas al estudio del cerebro, tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña y en general en la Unión Europea . Entre los avances que hoy podemos encontrar consolidados, respecto del conocimiento y funciones del cerebro, están las certezas sobre la plasticidad, la adaptación al cambio y al contexto sociocultural por medio de las experiencias de los sujetos. Con lo cual se afirma “la capacidad del cerebro para cambiar los circuitos motores y sensoriales; la formación de nuevas neuronas como lo que se ha evidenciado que ocurre en el hipocampo y la formación de nuevas redes sinápticas como respuesta a la experiencia” .
Una de esas disciplinas que ha contribuido de manera indirecta al desarrollo –y conocimiento del cerebro- es sin duda la informática aplicada en el procesamiento de textos e imágenes, que han encontrado en la educación un campo importantísimo de desarrollo, pues al final de cuentas es en las escuelas –y mediando la pedagogía- el lugar por excelencia donde se forjan todas las generaciones de profesionales y ahí siempre ha estado un profesor, el pedagogo o un docente enseñando lo que sabe a un grupo de jóvenes inquietos y ávidos de conocimiento. Aquí, en las aulas, se han configurado procesos de sensibilidad, motivación e interés por aprender los significados de los conceptos y las palabras; aquí se han proyectado las ideas para planificar las actividades profesionales; aquí se pone a prueba la capacidad de adaptación y aprendizaje del cerebro ante nuevas situaciones, complejas pero novedosas que le estimulan a descifrar los enigmas del conocimiento.
2. Representación y comprensión. ¡No lo vimos, pero estuvo ahí!
Las experiencias cotidianas que enfrenta el cerebro han sido emuladas –en algunos casos mejor que en otros- por medio de la estructura de los procesos mecánicos, consignados en la informática educativa; y gracias a ello hoy podemos representar el comportamiento animal e incluso humano en animaciones computarizadas; trasladamos los pasos lógicos procedimentales del método científico a un modelo de evaluación sobre alguna actividad humana, como lo es la docencia y así, bajo este modelo, planificamos nuestra actuación profesional en el aula.
Luego, entonces, resulta relativamente sencillo el planteamiento del problema y sus antecedentes, su presentación o justificación como puede ser el caso de una situación didáctica o de aprendizaje. Enseguida planteamos las hipótesis probables que explican el problema y las propuestas de solución que hemos decidido estudiar y desarrollar; posteriormente ponemos en práctica nuestro modelo de acción y experimentamos nuevas propuestas de situaciones educativas en las aulas; levantamos datos de este ejercicio, los analizamos y los discutimos con los colegas o en el grupo de investigación, comparando las hipótesis iniciales con los datos obtenidos en la experimentación áulica; realizamos el informe y concluimos con las afirmaciones, hallazgos y reflexiones finales, mismas que pueden ser conclusivas o la fuente de nuevas preguntas.
Pues bien, el esquema anterior de investigación puede ser programado en la computadora con el auxilio de la informática educativa; de igual manera que podemos validar fórmulas e información -o incluso- obtener coeficientes de correlación e indicadores de dispersión. En suma, todo este protocolo experimental es factible de ser programado y aplicado siempre de la misma manera en escenarios similares, pero es probable que escape al control del modelo informático un conjunto considerable y valioso de factores que no se deja atrapar, pues se trata de algo más, que es inasible, omnipresente -pero altamente fugaz- que quizás es la verdadera esencia de la actuación profesional y de la práctica docente; pero que, por pretender ceñirlo al modelo informático de investigación, se ha esfumado, pues simplemente, no cayó en la red que construimos para ese propósito. No obstante, también hay que reconocer que todo aquello que sí quedó atrapado en la red de captura de datos ha sido debidamente etiquetado, organizado y acomodado para su análisis de gabinete o laboratorio Pero nos queda la incertidumbre de no haber podido pescar todo lo que pretendíamos en nuestra red. Estaba ahí, pero no lo vimos; ¡estuvo, pero se fue, se fugó! No lo atrapamos y no pudimos analizarlo para comprenderlo.
Hay que decir que la comprensión es un proceso humano, pero falible, que se construye con destellos de luz informativa que se cuela por las hendiduras que se suscitan entre los objetos visibles e imperceptibles; la información brota por los intersticios que generan los impulsos eléctricos entre las células al transmitir los datos por medio de las sinapsis. Esos destellos son momentáneos y cuando suceden nos dejan la impresión de que lo tememos en la punta de la lengua o bien, aparecen como información relevante, clara y explicativa pero que, con frecuencia, no captamos; se fuga y ya no vuelve a aparecer con la claridad y contenido con que nos subyugó. Estuvo ahí, pero no logramos atraparla; ¡no le dimos forma en el papel! Se trataba pues, de una información no escrita.
En el ámbito de la docencia las ideas, los conceptos y los procedimientos son fundamentales, tanto en la enseñanza como en el aprendizaje. Pero más allá de la información que se analiza en las aulas, su comprensión es la base necesaria para la configuración de aprendizajes verdaderamente significativos, tanto para docentes como para estudiantes. Así, en la docencia, la función principal de la pedagogía es ayudarnos a comprender los procesos de pensamiento en los actos de enseñanza y aprendizaje. Por lo tanto, en esta misma perspectiva, “la pedagogía computacional, entonces, no está primigeniamente orientada a la enseñanza, sino a la comprensión de los procesos de pensamiento de los aprendices” . Así, cuando escribimos un texto en la computadora estamos haciendo uso de la inteligencia artificial aplicada en el procesador de textos, sin embargo, lo que pensamos, lo que afirmamos y lo que decidimos compartir es producto de una serie de procesos cerebrales complejos cuyo orden lógico no cabe en el diseño de un modelo computacional pues una parte importante de esos procesos se queda en el umbral de nuestro conocimiento sobre el funcionamiento del cerebro y su contacto con el mundo exterior. Es importante reconocer que en lo referente al conocimiento del cerebro y sus funciones implicadas en la docencia –y particularmente en los aprendizajes- aún nos invade la penumbra su complejidad en cuanto a los modos de procesar, sintetizar y organizar información; pero en cambio, sus enigmas nos motivan a seguir buscando las explicaciones y las comprensiones sobre cómo pensamos, cómo construimos nuestro pensamiento y cómo somos capaces de comprender las múltiples y complicadas relaciones cerebrales internas y su contacto con lo que está “fuera de la cabeza” .
3. Redes neuronales e hipertextos. Una simulación de interconexión
La construcción de textos digitales es un proceso complejo que sucede en una especie de caja negra, invisible para los que escribimos sobre el teclado de nuestra portátil. Como tampoco es perceptible el proceso de diseño y organización del texto escrito en nuestro cerebro. En ambos casos, los procesos de escritura física y virtual, se dan como referencias cruzadas entre temas de nuestro interés; lo cual hace que la información percibida busque inmediatamente códigos de interpretación, experiencias similares y datos de conexión que faciliten la explicación. Pero no son únicamente los textos los que se pueden enlazar e intercomunicar, también lo pueden hacer los dibujos o los esquemas; y es el navegador -el lector por excelencia de hipertextos- el que nos conduce por los laberintos informativos hasta donde está el enlace o vínculo que nos interesa. El hipertexto(o texto gigante) es una red enorme de información donde todo puede ligarse por simetría y semántica temática; los ejemplos cotidianos son las búsquedas de información en internet. Así, el pensamiento humano es producto y origen de una compleja red de textos que están en nuestro cerebro, listos para ser ligados, vinculados de acuerdo con nuestras inquietudes de búsqueda intelectual y científica.
Por otra parte, Bianchini señala que fue Ted Nelson quien, en 1965, acuñó la palabra hipertext y lo define como “un cuerpo de material escrito o pictórico interconectado en una forma compleja que no puede ser representado en forma conveniente haciendo uso del papel” . Ahora bien, su similitud con el pensamiento humano reside en el hecho de que el conocimiento nuestro es un conjunto temático organizado en bloques que pueden ser asociados por campos semánticos e intereses similares entre conceptos, preguntas o motivaciones coyunturales.
Es bien sabido- y experimentado- que el uso de los hipertextos en las computadoras facilita la adquisición de información y de datos de forma rápida- lo cual se da de manera arbitraria, no lineal- pragmática y fácilmente desechable, accionando la tecla de suprimir (delete) en nuestro teclado (keyboard) a voluntad de cada usuario. Empero, esto no sucede de la misma manera en nuestro cerebro pues, a diferencia de un hipertexto suprimible computarizado, nuestras asociaciones y conexiones son casi simultáneas y prácticamente imperceptibles conscientemente, pero nos dejan huella en forma de memoria; nos dejan una impronta informativa, firme y duradera que puede permanecer ahí -involuntariamente- como consecuencia de nuestra estructura cerebral en concordancia con nuestra conciencia intelectual; lo que lo hace un acto estrictamente humano. En cambio, las bases de datos creadas para albergar a los hipertextos están ahí como estructuras inmutables y seguirán siendo siempre las mismas si el ingeniero o el especialista en software no las modifica intencionalmente.
Para comprender bien este proceso analógico entre los hipervínculos computacionales y las redes neuronales, es importante considerar que la estructura interna del cerebro se halla tejida por series de relaciones y conexiones de “centenares de miles de millones de células (neuronas y células gliales), intrincadamente interconectadas por campos (dendritas y axones)” . Es evidente que por efecto de la proximidad neuronal, muchas de esas intercomunicaciones son inmediatas, lo cual es posible gracias a las células gliales , que son las responsables de configurar el mejor ambiente celular para que las neurotransmisiones se den de manera rápida y precisa. Sin embargo, existen otras ramificaciones que recorren caminos más distantes, que “están cubiertos con un tejido graso blanco, la mielina, que facilita el paso de las señales eléctricas generadas dentro de las neuronas (potenciales de acción). Las neuronas y las conexiones cortas constituyen la materia gris, y los caminos mielinizados largos constituyen la materia blanca” .
De manera similar, en al caso de la computadora, el hipertexto funge como un almacén en el que se ha depositado información por medio de bloques e ítems temáticos, no necesariamente relacionados entre sí, pero que se interconectan gracias a la previsión de los enlaces o vínculos temático-semánticos que hacen las veces de dendritas que transmiten impulsos eléctricos que direccionan la información deseada hacia el sitio que el navegante la necesita. Y a diferencia de nuestras notas escritas, subrayados y coloreados de nuestros textos físicos de nuestro interés “el hipertexto electrónico no se disuelve en una desordenada carpeta de anotaciones” pues dispone de herramientas y materiales virtuales para recortar (tijeras) y pegar (pegamento) que no dejan huella del corte ni la típica suciedad gelatinosa al efectuar el pegado.
En suma, se puede afirmar que los nodos que en el hipertexto ayudan a vincular una información con otra, por remota que ésta sea, cumplen la función de las conexiones locales cercanas entre las neuronas que hacen del aprendizaje un conjunto de conocimientos previos que tan sólo requieren de la activación de su zona semántica para que se liguen experiencias recientes, medianas y lejanas con la pregunta, el interés, la motivación o la exigencia por aprender más y mejor; formando una especie de islotes, de remansos de descanso, en el océano del conocimiento. Así, por medio de la invocación del hipertexto protocolizado para su contacto, accedemos a la red de redes virtual www (word wide web) para iniciar la búsqueda y caza de la información deseada, que se encuentra codificada en lenguaje y textos calibrados para transitar por el cerebro artificial de una computadora; este tipo de textos están escritos bajo el modelo de html(hipertext markup language) que -como ya se ha mencionado- es el lenguaje virtual protocolizado –y estandarizado en el mundo- para darle el formato a los documentos para transformarlos en hipertextos, cuya aplicación se puede apreciar en el enlace siguiente: http://www.sappiens.com/castellano/articulos.nsf/
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