ARGUMENTOS Y EXPLICACIONES PARA LA COMPRENSIÓN DEL LOGOS EN LAS ORGANIZACIONES. Poder, relaciones y discursos institucionales.
Dr. Antonio ALANÍS HUERTA[1]
“Podrán distorsionar mis actos, destruir y borrar mis textos o minar el espacio donde me muevo, pero jamás podrán someter mi voluntad ni mi pensamiento” (A. Alanís Huerta).
1. Preámbulo.
El logos verdadero, instituido para argumentar, sostener y justificar científicamente el pensamiento, en las culturas de las sociedades modernas, se enfrenta a razones de fe y tradición que le impiden traspasar, en un primer intento, la cultura del sujeto local, del nativo, para explicar y explicarse su relación con el entorno; pero paulatinamente, y de forma silenciosa, se constituye otro logos mutante y mutado, camaleónico, que de a poco va cubriendo las disidencias y las resistencias a su alcance en las instituciones. Se aborda el tema sobre el logos verdadero como vehículo de control del poder en las instituciones pero al mismo tiempo nos es útil para comprender cómo se gestan y se resuelven, a veces de manera radical, los conflictos en las instituciones[2]; es la invitación al lector a realizar un recorrido por las entrañas de los conflictos y las relaciones de poder en las organizaciones; sobre las decisiones que en nombre del logos se toman y sobre los actos de exterminio y exclusión de las ideas que se cometen en las estructuras organizacionales contra quienes tienen la osadía de pensar y de actuar distinto. Lo que probablemente valga para los sindicatos, las burocracias, los clubes de hobbies, los partidos políticos y otras organizaciones menores donde haya un jefe y subordinados; señalando que en todos esos casos se aplica, quizás, el esquema de reyes y súbditos, de tutores y tutelados.
2. Sobre el logos verdadero.
Seguramente, en reiteradas ocasiones, nos hemos preguntado por nuestros orígenes, como género humano, así como por la génesis e inmensidad del universo. Tan sólo una postura existencialista básica justifica estas interrogantes; más les sustentan las incertidumbres mundanas de los seres humanos frente a la complejidad del entorno inmediato. Queremos saber quiénes somos; qué hacemos en este reducido espacio donde nos movemos; o si tenemos una misión predeterminada en el mundo. E incluso nos preguntamos, cómo lo aprendimos y por qué pensamos como pensamos; o bien por qué cuestionamos nuestro propio pensamiento y hacia dónde lo dirigimos. ¿Acaso todo ello tiene una sola explicación? O mejor aún, ¿existe una explicación verdadera para cada pregunta?
De entrada, cuando escribimos intentamos comunicar un conjunto de ideas que hacen suponer que son producto de un pensamiento ordenado, coherente y consolidado. No obstante es probable que lo que constemos por escrito no corresponda, de manera fiel, con lo que pensamos comunicar; luego entonces estamos faltando a la correspondencia simbólica y sígnica de nuestro pensamiento. En el fondo de esta expresión del pensamiento está la palabra como símbolo de la inteligencia humana, esperando ser vehiculada por el lenguaje y la intención de un lance comunicativo. Empero, en la construcción intencionada del mensaje subyace un conjunto de reglas que legitiman o no la estructura del pretendido decir, más allá de ello subsiste, esperando con las normas descodificadoras enarboladas, el sujeto receptor que escuchará la palabra y se esforzará por comprenderla, poniendo en práctica su capacidad interpretativa.
El logos se transforma y se adapta pero no desaparece. El logos entra en juego y la nomotética del habla y del lenguaje evalúa su claridad y pertinencia. Así, el sujeto lanza su intelección racional con la febril urgencia de comprenderlo todo; de saberlo todo; sin que quede algo libre de interpretación y comprensión. De hecho esto justifica el paso por la escuela, a donde vamos por el logos verdadero, ese que nos empuja a franquear el umbral que da acceso a la luz que emana del conocimiento; vamos por los códigos de la élite, a la que aspiramos asociarnos para poder pertenecer y ser aceptados. No basta hablar como todo el mundo; es necesario aprender a hablar correctamente, pues el recto hablar nos asegura que podamos entrar al círculo del deseo; del saber y del conocimiento; al mundo del buen decir y bien portar(se). Pero ese primer acceso, sólo es una escala; habremos de buscar y aprehender el logos de lo escrito y sus códigos nomotéticos, con los cuales dejaremos bloqueados, atrás, los signos de la barbarie, el lastre de la ignorancia para aspirar a entrar a la élite de la intelección racional.
Así, la otredad queda sometida a los grilletes de la obscuridad, a la ausencia de códigos, ante la posibilidad denegada del logos verdadero. A menos que el “otro” acepte trocar una buena parte de su identidad cultural primigenia por el bagaje cultural del nuevo logos, que conlleva nuevos símbolos y otros signos. Así, el sujeto que aspira verdaderamente al nuevo escaño, habrá de sufrir su malestar transformador del cambio de piel, doloroso, que marcará su cuerpo con el nuevo color y el nuevo olor del nuevo ser. De manera tal que si el sujeto mutante acepta transitar hacia los dominios del logos inspirador, ha de sufrir la ruptura de lo que ha sido, hasta ahora, su morada protectora. En el ámbito del nuevo logos han sido expulsados los mitos, los pensamientos y las expresiones obscuras y vacilantes.
3. El nuevo logos en el ámbito de lo social.
Ahora, el tránsito y la permanencia en los escenarios y los senderos del nuevo logos están condicionados a la práctica permanente de las reglas, los horarios y los límites territoriales, (simbólicos y sígnicos) del espacio donde ahora se mueven los sujetos. Fuera de estos límites existen expresiones culturales de resistencia, de disidencia y transgresión; resistencia por permanecer dentro del logos marginal; de disidencia por pretender y aspirar a cruzar el umbral del logos deseado y de transgresión por incursionar de manera clandestina, en el territorio del logos verdadero. Pero también de disidencia y transgresión por intentar entrar en el terreno del deseo; y transgresión por pretender rescatar a los que ya se desplazan con satisfacción y agrado en el campo del nuevo logos. Aunque la pretensión moral de los transgresores, liberadores de los supuestos atrapados, no logre convencerlos para que retornen a su campo porque no se sienten fuera de él ni marginados en el nuevo logos, pues han logrado el acceso de forma legal, voluntaria y esforzada.
Las evidencias de los procesos culturales en las sociedades modernas subsisten gracias a las explicaciones justificadoras de la presencia del logos. Esto mismo lo encontramos de manera recurrente en el ámbito de lo educativo y de la política nacional; las resistencias y las disidencias han llegado a permanecer tanto tiempo ahí que hoy es difícil encontrar argumentos plausibles que sustenten de manera comprensible las bases de sus desacuerdos; es decir, se han perdido en el tiempo y en lo difuso de sus planteamientos preguntas fundamentales como: ¿Contra qué se está en desacuerdo? ¿Con qué se fundan los argumentos? Porque lo más comúnmente encontrado es contra quién se esgrimen las quejas planteadas. Dicho en otros términos, con mayor frecuencia encontramos el quién (reclama) y contra quién se dirigen los reclamos, pero hemos perdido en la penumbra de la incertidumbre la razón del qué. Y es sobre el qué, hacia donde es necesario lanzar las interrogaciones. Así, en el ámbito de lo educativo y de lo político encontramos estas resistencias y disidencias que a menudo se traslapan en las aulas y en las calles; se desbordan hacia las calles y se pierden en la mundanidad de las expresiones ideológicas y filiaciones políticas.
Pero estando situados nuevamente en la escuela, la pregunta básica interpela a la política educativa frente a la actuación didáctica y pedagógica; es decir, el logos institucional, nomotético, se diluye en las deformaciones del discurso pedagógico. Entonces, ¿hacia dónde hay que dirigir el trabajo pedagógico para enderezar el logos institucional para que no se destruya una identidad cultural pretendida y se imponga, se construya, otra identidad no deseada? O bien, ¿se pretende acaso que el caos sea la característica distintiva del logos educativo? De entrada no; se pretendería en todo caso, en la perspectiva de una propuesta lógica, convincente y subyugante en un tipo de lances teóricos y conceptuales que retenga al aspirante a ingresar al logos deseado y permanezca en él.
4. El nuevo logos en el ámbito de la política.
Es importante subrayar, categóricamente, que el logos occidental no corresponde a un punto cardinal y geográfico del plano cartesiano; occidente es un concepto cultural dominantemente ideológico que aglutina a modelos de organización para seguir (o a imponer) respecto de la visión aceptada de hacer ciencia; de estructura y organización política; de diseño económico; de axiología y estética; de maneras de enseñar el arte y la cultura; de enfoques conceptuales y métodos para enseñar y formar a los profesionales. De hecho se trata de las formas admitidas, consensuadas y convenidas para la actuación social, política, científica, tecnológica, ética, estética, filosófica y cultural, entre otras.
Frente a estas formas logocéntricas se estructuran y se desarrollan también formas de resistencia, de disidencia y transgresión; pero en algún momento histórico coincidirán en el nivel de sumatoria (del equilibrio momentáneo) con las formas antagónicas; ya sea contradiciéndose o bien complementándose bajo la nomotética de la dialéctica que privilegia los diálogos, los consensos y los acuerdos; siendo estos temporales, frecuentemente frágiles y coyunturales.
Ahora bien, en el campo de la política encontramos presente un conjunto de argumentos que se exponen “a los otros” como lances de convicción para que los sujetos receptores los acepten y sean incorporados al marco futuro de sus explicaciones e interpretaciones. Esta es la propuesta que se pone a prueba frente al ciudadano en vías de elección; corriendo el riesgo de que la propuesta original se pierda, quedándose la relación entre los interlocutores, sin propuesta alguna; instalándose el caos; surgiendo, probablemente, la posibilidad de una propuesta subversiva, en contracorriente a la instalación de logos propuesto.
5. El logos como única razón. Víctimas y victimarios.
Las víctimas de hoy se sacrifican en pos de la permanencia del logos establecido; son consideradas como daños colaterales, que han tenido la mala fortuna de estar en el lugar equivocado y en el momento menos oportuno; se encontraban ahí, en el espacio y tiempo elegidos para la acción decidida por el omnipotente, el que se considera poseedor del logos. Así, el sacrificio del infortunado se justifica por la causa mayor, por la del logos verdadero. En esta vorágine destructiva se encuentran mezclados en un extraño coctel, tanto salvadores como demonios; unos y otros son considerados peligros inminentes para el bien social; para aquellos que aún requieren ser tutorados, pues como lo sustentaba Kant, no han adquirido la mayoría de edad. Pero además, se mezclan los mártires, que son capaces de darse por el bien de todos; se sacrifican voluntariamente, ofreciendo su cabeza para que el demiurgo no sufra ningún cuestionamiento. Se donan como rehenes, como víctimas voluntarias de una acción punitiva que el todo poderoso inicia para castigar al que se salió del recto actuar y del sendero correcto.
En nombre del logos, de la razón fundante, de lo mejor para el otro, se han cometido abusos y errores que han contribuido a la desaparición de la cultura y de los pueblos; sacrificando o silenciando a inocentes, que la historia registra como víctimas o daños colaterales. Así, escuchamos hablar de los kamikazes, de las bombas humanas, de los inmolados, de las víctimas voluntarias que se sacrifican porque los movimientos libertarios continúen; que lo hacen por la causa o por la permanencia del statu quo en las instituciones del Estado, de las religiones y la fe o de los regímenes totalitarios. ¿Pero cómo explicar y explicarnos los magnicidios políticos de nuestra época, los inocentes silenciados o los chivos expiatorios, inspirados en la tradición judeocristiana? ¿Cómo comprender e intentar justificar que los pocos pretendan arrogarse la voluntad y la voz de los otros, tomando decisiones por ellos? ¿Cómo aceptar, sin convencernos, que la potestad individual del sujeto se expropie para sumarla a la magna decisión del otro, del omnipotente decididor, asumiendo como propio un poder potestatario que no le pertenece? ¿Es acaso justificable esta postura arrogante y aniquiladora del sujeto que se asume como poseedor del logos verdadero para disolver el caos y poner orden en el cosmos?
No es justificable, ni comprensible, ni explicable, que el otro intente siquiera apropiarse de la voluntad del sujeto de al lado, callándolo y aniquilándolo; pero tampoco es ético ni digno del sujeto, asumido como pensante, que permita trocar su voluntad por el supuesto beneficio pragmático de la prebenda y el premio; de ser así, habremos caído en la simulación mezquina de la hipocresía y la miseria humana, donde todos sabemos que simulamos afectos frente al otro pero que a sus espaldas lo denostamos y tratamos de destruirlo, pues hemos perdido el valor y la dignidad para hablar de frente.
6. Una mirada fugaz a las contradicciones sociales desde la óptica ciudadana. Incertidumbre y dudas ante lo impensable.
Hay que decir que el cuestionamiento del orden establecido en las estructuras organizacionales configura una suerte de desequilibrio del cosmos que les cohesiona, provocando conflictos ocasionados por la no sumisión del otro al tutelaje de los principios y convenciones dados como absolutos y fundantes. Entonces, ¿Cómo explicar las tensiones y eventuales rupturas de los gobiernos de las instituciones, frente a los rebeldes de pensamiento autónomo, insumisos, propositivos y progresistas?
Se gana mucho en un conflicto cuando los adversarios logran sentarse el uno frente al otro; originando con ello la posibilidad del diálogo. Las ideas verdaderas, de ambas partes, se confrontan; se escuchan y se transforman, una por la eficiencia explicativa de la otra. Así, el diálogo es el comienzo del entendimiento entre las partes conflictuadas; es útil para entender las controversias, incluso polemizando sobre algunos aspectos del logos defendido por cada parte, pues es probable que en su confrontación se logre establecer el consenso necesario para la construcción de acuerdos comunes.
Si el buen monarca, el dirigente institucional o el aprendiz de líder manejan y controlan las situaciones problemáticas a través de la palabra empeñada, lo hacen también a partir de su conducta moral. Y cuando esta conducta no corresponde, desde la visión del otro, del ciudadano, con la palabra prometida, se instaura en el otro la duda, se configura la incertidumbre pues el logos que les une se empaña. Entonces, es necesario evitar el caos y restablecer el cosmos. Aunque para lograrlo vayan en juego algunos sacrificios de los integrantes sacrificables que integran el grupo de tutores y tutorados. Pues ante el hecho demostrado por la dialéctica es necesario relanzar y fortalecer la retórica, tratando de convencer al otro de lo que es poco creíble, utilizando más la palabra verbal pues la conducta moral reprobable, ha sido evidenciada por la palabra escrita; ha sido denunciada por el otro, por el ciudadano inconforme que da salida a su malestar por medio del argumento del pensamiento; pero cuando carece de esa virtud de la escritura, se agazapa bajo el cobijo del rumor y en la voz soterrada del anonimato irresponsable.
Ahora bien, en nuestra actualidad de relaciones controvertidas y conflictuadas, los pretendidos detentores del logos verdadero, antagonistas irreconciliables, hoy se ponen de acuerdo para no despojar a Prometeo del fuego que posee, prometiéndole que no se aliarán con su enemigo para combatirle su supremacía; configurándose una alianza contradictoria e inverosímil en una rara coyuntura en la que pareciera ser que se construyen inesperadas armonías; tramposas y engañosas a la vista del sujeto ciudadano que observa incrédulo la miseria moral y el desprecio por los otros; tomando forma, irremediablemente, la desconfianza y el desencanto entre estos ciudadanos.
En sentido estricto, pareciera ser que la supuesta exigencia de libertad, de emancipación y ruptura de cualquier tipo de tutelaje hacen que el sujeto busque nuevos tutores para que se hagan cargo de los procesos libertarios y faciliten su permanencia (como tutorados que son) en la burbuja de confort añorada, pues fueron sacados de ahí sin su permiso, por lo que exigen volver a ahí para seguir gozando de las relaciones de obediencia y sujeción a sus intereses propios pero, mezquinamente, jamás por empatía ni por convencimiento de la causa social a la que pregonan pertenecer y defender; es más, en otros tiempos no lejanos, los tutores y los tutorados eran adversarios explícitos y hoy juegan a ponerse de acuerdo en el marco de una evidente simulación sobreentendida, falaz y deshonesta. Entonces, resulta que lo que antes era contrapuesto ahora concuerda; y lo extraño es que de estas discordancias, otrora irreconciliables, hoy se forma la más bella armonía; y todo esto se engendra por la discordia; pero seguramente se esboza un frankestein pendido por alfileres. Entonces, ¿los extremos se buscan para juntarse y conspirar? Lo cierto es que las contradicciones que hoy se conjugan en las instituciones tienen como propósito la construcción de supuestas verdades; de corta duración, seguramente, pues siendo tan endebles y efímeras se derrumbarán al primer embate de un connato contingente de desacuerdo; pues han nacido en la breve existencia de la coyuntura.
[1] El autor es Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Caen, Francia desde 1984. Es profesor Titular en el Centro de Actualización del Magisterio en Michoacán (CAMM), en México, donde es responsable del curso de Iniciación a la Observación de los Procesos Escolares y del Seminario de Indagación de los Procesos Educativos I y II de la Maestría en Educación con terminales en Educación Preescolar y en Educación Primaria. Profesor de posgrado en educación en diversas universidades públicas de México. Articulista especializado en educación y política de revistas digitales y de papel, de México, Barcelona, España y Buenos Aires, Argentina. Ex Consejero Electoral Propietario integrante del Consejo General del Instituto Electoral de Michoacán (IEM) y del IFE. Correo electrónico: dralanis8492@hotmail.com
[2] El tema de los conflictos institucionales ya lo he tratado en otros trabajos, particularmente en el ensayo titulado Tiburones, Cocodrilos y Pulpos en la organizaciones, publicado hace ya más de 7 años en www.Sappiens.com cuya primera parte la escribí en el año 2002, como un ejercicio intelectual por analizar, y denunciar, lo que le sucede a los sujetos en la instituciones donde trabajan; en parte porque así les conviene o bien porque aún no han aprendido a navegar en sus aguas turbulentas. Dicho ensayo ha sido motivo de análisis en programas de posgrado de diversos campos de la ciencia, desarrollados en varios países; lo cual no hace más que motivarme para seguir compartiendo con los lectores una visión alternativa sobre las entrañas y los entarimados en las organizaciones políticas, educativas y culturales. Y el análisis sobre el Logos es una oportunidad de compartir nuevamente ideas sobre lo no dicho en las instituciones.
sábado, 29 de mayo de 2010
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